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Wednesday, August 31, 2011

Un mes de agosto para volver todo el año

Este mes de agosto, como otros tantos en nuestra tradición familiar, ha sido el marco para dos grandes extremos: la distensión y la desconexión de las vacaciones en familia, y la adrenalina y expectativa del regreso a clases.
Sedientos de descanso, de mar y de relax, apenas S. terminó su campamento de verano nos enfilamos con todo y perros hacia Saint Petersburg, en la costa oeste de la Florida. Ubicada en una península sobre el Golfo de México, resulta una meca de los atardeceres y los paisajes encantadores. Arena blanca, agua cristalina, delfines amigables, playas para todos los gustos y millares de tesoros marinos qué descubrir son algunos de los atractivos de esta área. Pero, y como no solo de sol, arena y mar vive el hombre, St. Pete -en confianza- también cuenta con un amplio catálogo de museos y atracciones culturales, encabezados por el Museo Salvador Dalí, que no en vano se vanagloria de poseer la mayor colección del pintor surrealista fuera de Europa.
Fue la semana que soñábamos. Visitamos playas hermosas. Me traje ese verde marino tatuado en la retina y en el corazón. Recargamos de energía y de carcajadas. Respiramos el prístino aire de quien no tiene preocupaciones, de quien vive instalado en un presente perpetuo. Dormimos en manada, con los perros compartiendo cama con S., el sueño hecho realidad tanto de una como de otros. Nos reencontramos cara a cara con Dalí, y quizás fue mejor que el primer día pues lo vimos a través de los ojos de una S. atónita y maravillada. Comimos rico, jugamos cartas, vimos películas, tomamos fotos, nos disfrutamos. Vivimos una semana de vacaciones como Dios manda.
Por eso cuando Jackie anunció que el tema de La vuelta al mundo del mes de agosto sería "Diario de viaje", una sonrisa se dibujó en mi rostro. He traído muchas fotos del viaje, pero sólo subí algunas a Flickr. Pero si se dan un paseo por el mural, viajarán a los destinos más hermosos de este planeta nuestro. No se lo pierdan.Aquí, algunas de las fotos de nuestro viaje, y abajo, los enlaces enlaces a Flickr de mis fotos para LVM.


Y así, volvimos a la realidad, felices y recargados. A la realidad de un tercer grado que recién empieza, con todo lo que conlleva (a partir de tercer grado, los niños en la Florida deben tomar el examen anual obligatorio conocido como "FCAT", lo cual supone elevación en los niveles de estrés de niños, padres y maestros). Pero todo es más llevadero después de unas buenas vacaciones, así que no nos adelantemos, y, para situaciones de estrés, tenemos un hermoso lugar en el recuerdo donde volver en caso de emergencia.

Sunday, January 30, 2011

So long, Asheville



1. Winter lake, 2. Winter shelter, 3. Antiques, 4. To the top, 5. Winter solitude, 6. Frozen break, 7. Biltmore Estate, 8. Let the views bright your soul, 9. Let it shine, 10. Anticipation, 11. Frozen Lake, 12. Scratching the blue, 13. By the shore, 14. Bells, 15. IMG_3675, 16. IMG_3579ed

Esperábamos el viaje a North Carolina con expectación. Anticipábamos sensaciones y paisajes desconocidos y, como siempre, anhelábamos la posibilidad de pasar unos días sólo para nosotros, sin responsabilidades de ningún tipo, dedicados exclusivamente a estar juntos y a pasarla bien. Nos quedamos cortos.
La aventura empezaba desde el aeropuerto. Si bien viajar en carro de Florida a las Carolinas es lo más usual, optamos por el avión, ya que S. no recordaba haberse montado nunca en uno (era muy pequeña cuando viajamos en avión la última vez) y literalmente soñaba con hacerlo.
Lo vivió tal y como lo esperábamos: una emoción desbordada, el puesto de la ventanilla reservado y muchas maripositas en el estómago al momento de despegar y aterrizar. Le impresionó saberse tan encima de las nubes y se desencantó al darse cuenta que realmente no existen esas líneas que en el mapa separan los estados, aunque al asomarse a su ventana pudiera afirmar con la propiedad de un experto: "We must be over Georgia, now" o "This must be South Carolina, mami", o "no, actually, we are in North Carolina now".
Asheville nos recibió con un ligero manto blanco de nieve caída recientemente. Admito que no sé si en realidad el frío era tan intenso como lo sentíamos nosotros, recién llegados de Florida, que sólo unos días antes habíamos recorrido South Beach en pantaloncitos cortos y sandalias. He escuchado a gente decir que la sensación térmica es un estado mental. Pues debe ser que nuestras mentes estaban congeladas porque aún y bajo todas las capas de ropa, abrigos y accesorios, hacía frío, y mucho. Pero era parte de la experiencia y hasta eso lo disfrutamos.
Agradecí llenar mis ojos con la imagen de esas montañas, gigantes abrazados, tendidos en cadena interminable y vestidos de un blanco níveo y acolchado. Recordé lo hermoso que es enmarcar los paisajes con montañas, esa sensación de sentirte acogido por una naturaleza que te abraza. Porque aun a pesar de su clima y sus hermosas playas, una de las cosas que menos disfruto del centro y sur de Florida es su llanura. La vista se te pierde en la lejanía sin elevaciones topográficas, y las pocas colinas que se vislumbran han sido creadas por el hombre con propósitos de reciclaje (en pocas palabras, las nuestras son montañas de basura).
Nevó para nosotros una mañana, cuando subíamos a la montaña donde luego intentaríamos esquiar. Detuvimos el carro para bajarnos y experimentar esa cosquilla extraña de lo ansiado y desconocido, materializado en unos copos minúsculos y resplandecientes, que lucían tal y como aparecen en los dibujos de los niños. Hermoso.
Llegamos a la montaña dispuestos a intentar aprender algo nuevo, pero sobretodo, a disfrutar el proceso. Esquiar me resultó mucho más difícil de lo que jamás hubiera imaginado. Me sentía vulnerable y fuera de control. Me la pasé en el piso, pero me reí mucho. Algún día lo intentaré de nuevo, así sea para reírme un poco más de mí misma.
S. demostró en cambio un talento innato (y definitivamente no genético) sobre la nieve. Una vez más comprobé la maravillosa facilidad que tienen los niños para aprender cosas nuevas, frente a las dificultades que el sobreanálisis y los miedos imponen a los adultos. S. se montó en esos esquíes como si viviera en Canadá y fuera a esquiar todos los fines de semana. Le encantó.
Disfruté ver a S. con su camarita automática, tomando fotos por doquier para luego mostrarlas a su salón en una exposición voluntaria, espontánea y detallada (con detalles que nunca pensamos que recordaría) que nos dejó maravillados. Los dos días de clases perdidos se intercambiaron por toneladas de aprendizaje de vida, de ese que se adquiere saliendo de la comodidad de las cuatro paredes a explorar mundo, a comprobar que lo diferente muchas veces lo es por desconocido y por ignorado, y que ningún libro de texto supera la enseñanza de lo vivido en carne propia.
Recorrimos las calles de Asheville para encontrarnos asombrados con una ciudad increíble, donde la típica hospitalidad sureña se mezcla con un nivel cultural elevado y un orgullo local admirable. Recorrimos calles pintorescas, pululantes de negocios excéntricos y tablas de sabores atrevidos. Prometimos volver, quizás en otra estación del año, a descubrir el resto de su colorido. Hasta entonces, Asheville.

Monday, August 30, 2010

Lluvia de sol en agosto

1. Sunlight coming through, 2. Florida's Sunset, 3. Lonely trip back home, 4. Farewell

Sin importar el hemisferio donde nos encontráramos, este mes Jackie nos encomendó a los "vueltamunderos" una misión muy especial: ir a por el sol. Siendo nuestro principal aliado, era justo darle el reconocimiento que se merece. Y así salimos, cámara al cuello, guardándonos en los bolsillos los antiguos prejuicios en contra de las fotos con luz de frente, a hacer del astro mayor el sujeto de nuestras imágenes y el protagonista de este mes.

Ha sido un mes maravilloso para fotografiar al sol. Nuestras vacaciones en la costa oeste de la Florida me regalaron la oportunidad de unos atardeceres espectaculares de los que he traído estas pequeñas muestras. Pero, como siempre, si quieren disfrutar del SOL en todo su esplendor, por favor, no dejen de darse un paseo por el blog de Jackie, donde este mes podrán disfrutar de una verdadera cadena de luz.

...Todavía es un misterio qué nos deparará septiembre... Por aquí estaré en un mes para contarles...

Sunday, August 22, 2010

Síndrome del mes de agosto



Pese a mi resolución de ser más consecuente con él, hace más de dos semanas que no actualizo este cajón y eso se lo debo indefectiblemente al síndrome del mes de agosto. Siempre me ha parecido que agosto es un mes extraño, una especie de limbo en el calendario, que está puesto allí especialmente para desordenar las rutinas, quebrantarlas un rato y así poder retomarlas con más ánimos en septiembre.
Recuerdo cuando, hace un montonón de tiempo, mi mamá y yo llegamos a Italia. Yo contaba con escasos 7 añitos (la edad actual de mi S.); lo único que sabía de ese país es que quedaba muy lejos y que era la cuna de la pizza y de la pasta, y de su idioma, apenas algunas sonoras palabritas sueltas. Mi mamá había aprendido frases típicas de turista y ya. Nuestros únicos conocidos eran los padres de una amiga de mi mamá, que vivían en un pueblito remoto, a quienes visitaríamos para que nos indicaran (en un español accidentado y salpicado de gestos), cuestiones básicas de ésta, la que a partir de ahora y mientras duraran los estudios de postgrado de mi mamá, sería nuestra nueva casa.
Era otra época, obvio. El mundo no se había encogido aún, las cosas no se hallaban a la vuelta de un clic o de pulsar el botón de “enter”. No existían los celulares, ni el email, ni google, ni wikipedia, ni mapquest, ni skype, ni traductores electrónicos, y las llamadas internacionales eran un lujo que no nos podíamos dar. Llevábamos una carta y un par de maletas llenas de temores y expectativas. Así llegamos a Vignola en pleno verano, sin pensar que nos encontraríamos con un pueblo fantasma.
Esa fue mi primera experiencia (y sin duda, la más gráfica) con este mes lunático y desbordado. Corría el mes de agosto, y nuestro primer aprendizaje forzado en esa estadía de 3 años fue que durante sus treinta y un días, el país se paraliza. Así, sin medias tintas. Los comercios de todos los niveles, las agencias, las oficinas,  los establecimientos más o menos necesarios, guindan en sus puertas los letreritos de "Chiuso per Ferie" y desde el dueño hasta el empleado más humilde agarran sus macundales y se van "al mare", dándole vida a otras ciudades que en cambio parecen sumergirse en un soporífico letargo los 11 meses restantes del año.
A nuestra llegada, Vignola era el pueblo desolado por el azote de los bandoleros en las películas de vaqueros de antaño. Era como si alguien hubiese apretado algún botón de pausa al que sólo mi mamá y yo éramos inmunes, caminando por aquellas calles íngrimas y desconocidas. Con suerte conseguimos un pequeño hotel en la cercanía donde alojarnos y esperar dos semanas a que el resto del pueblo saliera de su estado de suspensión para comenzar nuestra vida en tierras italianas, en septiembre, claro (admiro la entereza de ánimo de mi mamá que supo mantener la calma y no transmitirle ni reforzarle, a la niñita que yo era, el sentimiento de desolación y de no-bienvenida que perfectamente hubiera podido aflorar en esas condiciones).
Luego, durante mi vida de estudiante, experimenté las bondades del mes agosto, el mes -entero- que teníamos de vacaciones (las clases terminaban a mediados de julio y empezaban en septiembre). Entonces agosto era la cima de una montaña a la que se tardaba todo un año en llegar. Agosto era EL mes. El mes del descanso, de las vacaciones, de los proyectos puestos en suspenso durante el año, de la diversión. De la liberación de la responsabilidad y la rutina. De acostarse y despertarse tarde, de no usar uniforme, de comer cuando provocara, de las idas al club, las escapadas a la playa. De los viajes, si había suerte, aunque no hacía falta irse muy lejos para encontrarse que inventar.
En mi vida universitaria fue exactamente igual. Estudié en una universidad considerada popularmente como un "colegio grande", donde el año iba de octubre a julio; septiembre era para las inscripciones, reparaciones o diferidos, y agosto era el mes de descanso académico. En mi caso, agosto era el mes de volver a la casa de mis padres a que me consintieran por los 11 meses de haber estado lejos, el mes de las rumbas con los amigos de la infancia y de los viajes tan esperados y planificados el resto del año.
Similar a la tradición veraniega europea, durante mis primeros años de graduada en mi país trabajé como profesora y por tanto también tuve la suerte de poder disfrutar de las bondades del año escolar de 10 meses que deja a agosto como la porción más apetecible del pastel anual. Para ese entonces, éste era para mí el mes de no planificar, no corregir, no lidiar con padres cuestionadores y no estar en contacto con la tiza, que tanto daño le hacía a mis cuerdas vocales.
Todo ese panorama cambió radicalmente cuando nos mudamos a USA. País del trabajo incansable donde -sin exageración- el ritmo de producción se detiene –o disminuye- únicamente 3 días al año, agosto pasó a ser un mes más, perdió su encanto.
Hasta que llegó S. Con ella en el colegio, hemos vuelto a caer en este síndrome sabrosito del mes de agosto, con su natural desgano, su falta de estructura y su implícito “laissez faire”.
Si bien el trabajo no para, el Chino y yo acordamos tomarnos unos días -poquitos, eso sí...- para ir los 3 a algún destino más o menos lejano (según las circunstancias y el presupuesto permitan) y compartir en familia y fuera de casa unos días de descanso hacia mediados de agosto, fecha en la que normalmente S. ya ha terminado el campamento de verano. Este año elegimos Marco Island, una isla hermosísima situada en el suroeste de la Florida, un verdadero paraíso para las mentes y los cuerpos necesitados de una pausa.
De cálidas aguas color esmeralda, arena blanca poblada de millares de caracolitos en erosión y atardeceres como para quitar el aliento, la elección no pudo ser más acertada. Para mayor felicidad, logramos encontrarnos allí con mis primos J. y A., cada uno de ellos con sus respectivas familias. Delicioso reencuentro de afectos desperdigados en la distancia, una verdadera carcajada para el espíritu.
Acostumbrados al ritmo de 4 trabajos (2 el Chino, 2 yo), colegio, tareas, ballet, horarios, compromisos, correderas, y quién sabe cuántos “etcétera”, dedicamos esos 6 días al "dolce far niente". Largas caminatas por la playa, excursiones en busca de los caracoles más hermosos o extraños, salto de olas, parasailing (¡!) o simplemente sentarnos a disfrutar del espectáculo sin igual de aquellos atardeceres, fueron las actividades que llenaron esos días inolvidables (aquí algunas fotos).
Después de ese relax total, vino la corredera del regreso a clases. A sólo horas de segundo grado, son muchos los pendientes, la adrenalina está a millón y hay que empezar a desterrar los hábitos veraniegos (a diferencia de sus padres, mi hija no es un "morning person", pero eso es harina de otro costal). Por eso decidí hoy sacudirme este síndrome del mes de agosto unos días antes de que culmine el mes y salir del letargo postvacacional. Pero lo hago agradecida. Agosto era necesario, ha sido reponedor, pero es hora de reemprender la rutina que, ¿por qué no?, también tiene su encanto.

Sunday, July 25, 2010

Esto no es Miami. Descubriendo una gema silente del sur de la Florida


1. Purple guardians, 2. Japanese statue, 3. Sunlight coming through, 4. Straight and yellow, 5. PINK!, 6. Roof detail, 7. Flowers by the lake, 8. Espejo del cielo, 9. The light tunnel

Para muchos, vivir en el Sur de la Florida es vivir en Miami. Ese lugar idiíico de las compras (y el dinero que suponen) inagotables, de los cuerpos perfectos, atléticos y perfectamente bronceados, del mar cristalino y el sonido de los bongós marcando el ritmo de una fiesta incansable. Meca de la cirujía plástica y el bótox, del spanglish, la rumba y el pastiche multicultural, Miami es uno de los destinos turísticos más apetecidos de los Estados Unidos. Bendición o sino, quienes habitamos en el Sur de la Florida sabemos que hay mucho más allá de los neones y la percusión de la Ciudad del Sol...y cuán agradecidos estamos por ello!!!

En mi familia no perdemos oportunidad para hacer turismo local. Siempre nos alegra descubrir tesoros escondidos en nuestra área. Ayer nos dimos el gusto de encontrar uno prácticamente en el patio de la casa. Postergada por meses, la visita al Morikami Museum and Japanese Gardens en Boca Ratón corroboró aquello de "lo bueno se hace esperar". Tímida gema del condado Palm Beach, a poco más de una hora al norte de  Miami, este singular recodo se erige como santuario natural de tranquilidad y paz, que invita al visitante a perderse entre sus tonalidades de verde y dejarse arrullar por sus conciertos naturales.

Debe su nombre a George Sukeji Morikami, un agricultor japonés que llegó a la Florida en la década de 1920 con un pequeño grupo de compatriotas para formar la colonia Yamato. 50 años más tarde, la colonia no había crecido lo que sus fundadores hubieran deseado. Por eso, a sus 80 años, Morikami decidio donar sus tierras al condado con la condición de que fueran utilizadas para preservar la cultura nipona y recordar a los agricultores japoneses de la Florida.

Y así fue. En 1977 abrieron por vez primera las puertas del Morikami Museum and Japanese Gardens como centro sin igual para la preservación y difusión de las artes y cultura nipona en el Sur de la Florida. Además de un museo con más de 7000 piezas permanentes del milenario arte oriental, el visitante puede deleitarse recorriendo los inmaculados jardines, cada uno de los cuales representa diferentes tendencias en la decoración de exteriores de la cultura japonesa en el último milenio (bonsais, túneles naturales y pisos de grava incluidos). También podrá visitar una casa tradicional japonesa para explorar aspectos más íntimos de la cultura, informarse aún más en una biblioteca únicamente decicada al tema y hasta experimentar la importancia del té en esta cultura en un auténtico "tea house".

El centro cultural promueve un sinnúmero de actividades que descubrimos con gusto, admiración y deseo de presenciar. Desde clases de origami y entrenamiento en las artes bonsai, pasando por la celebración del año nuevo, hasta el hermoso festival Bon, llevado a cabo cada verano para honrar la memoria a los ancestros con lámparas flotantes en el lago.

Si el recorrido y el procesamiento de tanta información lo deja hambriento, el visitante podrá degustar exquisitos platillos de la comida típica japonesa (léase SUSHI, yummmmm!!!) a la vista de una paisaje verdaderamente sobrecogedor, y para completar la idea de un viaje trasátlantico al pais asiático sin necesidad de pasaporte, comprar típicos souvenirs en la tiendita del Museo.

Nuestro presupuesto no dio para tanto. Nos dio para un descanso, sentados en un banquito a la orilla del lago a comer almendras rostizadas y escuchar el concierto de crujidos de los bambúes. Muchas, muchas fotos y el ánimo bien dispuesto a volver muy pronto. Y agradecer una vez mas las bondades de vivir en este estado maravilloso que es mucho, pero mucho más que Miami!

Tuesday, March 2, 2010

Se lo debo a Frisco

Llevo un mes y medio tratando de sentarme a escribir este post. Es tanto lo que quisiera contar de nuestro viaje a San Francisco y tan escasito el tiempo, que cualquier cosa que escriba se va a quedar corta. Así que mejor les dejo un collage de imágenes, de nuestro San Francisco, y algunos highlights para no olvidar:



* EL puente. Recorrer el Golden Gate en bicicleta fue sencillamente maravilloso. Todas las millas de subida, engrosando la expectativa al ver a ese gigante de acero pírreo cada vez más cerca. Ya arriba, observar las embarcaciones minúsculas a nuestro pies, mientras la brisa se batía impúdica en nuestros rostros. Sentirnos parte de ese todo orgánico, el monstruo de acero del que los viandantes somos aliento y sangre, somos todo y uno mientras dure nuestro recorrido, y después de nosotros, otros, y otros despúes de ellos, y el gigante siempre ahí, hundido en la inmensidad, sus brazos abiertos para recibirnos y para dejarnos ir. El puente que lleva a algún lugar o de algún lugar viene. El puente que te lleva a ser otro después de haberlo recorrido.

* COEXIST. Me maravillan las ciudades multiculturales (una de los rasgos que más aprecio del estado donde vivo). Pero en Frisco la multicultura se eleva a otro nivel. La riqueza de la ciudad está en múltiples y muy diversas razas que le dan color, ritmo, sabor y contraste. Es un pedazo de mundo con un poco de todo el mundo, en un marco de orden y limpieza que parecería insólito en estos tiempos.

* El sabor del mar. La brisa en San Francisco está aliñada, y en la tenue neblina que decora la ciudad la mayor parte del año, se puede saborear el mar. Quizás por eso, sus habitantes han desarrollado un gusto privilegiado, manifiesto en cada mesa, humilde u ostentosa, pública o privada, ordinaria o festiva.

* Una ciudad para dos, para nosotros dos. Así como a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman les quedaría siempre París, a nosotros nos quedará San Francisco. Cargarle las pilas al romance cuesta, pero hace falta para encarar mejor el día a día, para reengranarse con más ganas a la rutina. "We´ll always have... San Francisco!". Te amo, mi Chinito, gracias por ese maravilloso regalo!

Sunday, February 28, 2010

Febrero ROJO

Siempre he admirado la fotografía. Quizás tenga la tendencia en los genes por vía paterna, quizás sea porque en los extraños recovecos de mi memoria no existe el movimiento sino las imágenes detenidas. Quizás una cosa sea producto de la otra, pero la verdad es que siempre he sentido admiración y respeto por los artistas del lente y la luz, esos seres especiales con ojos de lupa y almas de niño que logran encontrar la belleza en las cosas que para otros pasan desapercibidas.

Es por eso que acabo de unirme al grupo "La vuelta al mundo". Un grupo hermosísimo de calidad inestimable, del que ojalá pudiera aprender aunque sea una ínfima cuota. El tema del mes fue el ROJO. Mis imágenes no son de mi ciudad, sino de nuestro reciente viaje a San Francisco (¿qué mejor rojo que el rojo del Golden Gate, ese gigante de acero encendido que yo tanto ansiaba conocer?).

Éste fue mi humilde aporte:






Y aquí, el verdadero color de los que saben de rojo.

Thursday, December 4, 2008

Invitados de honor

Hace días tengo pendiente esta nota. Las palabras resbaladizas no se dejaban atrapar. Hoy tampoco he ganado la batalla, pero no quería dejar pasar más tiempo sin recoger este episodio.



Ya hace más de una semana que despedimos con el corazón afligido a mi queridísima amiga Nora y su encantador esposo Wladimir. Unas merecidas vacaciones en el “imperio mesmo” fueron la dichosa oportunidad para recargarnos de la energía que proporciona el afecto sincero, desmedido e incondicional de esa familia de corazón que llegan a ser las amistades de verdad.

Con muchas ganas y poco tiempo, tratamos de sacar el máximo provecho de esos seis días, evitando caer en la común tentación del shopping desmedido que termina por indicar que al menos en esta zona de la Florida lo único que el turista puede hacer es comprar. Y sí, por supuesto que mi amiga compró. Hoy en día, y a pesar de ser ésta su primera vez por estos predios, se conoce el Sawgrass Mills Mall mejor que yo (con todo y que ocasionalmente trabajo allí y me queda a sólo unos minutos de casa…). Se llevó, como todo turista venezolano en Miami que se respete, sus tres maletas a reventar (aunque habían llegado casi vacías), además de otros múltiples artefactos en embalajes separados. Y todo esto gracias al regreso de ese nuevo “tá barato, dame dos” que la situación cambiaria venezolana ha generado, donde, con todo y pasaje, estadía, comidas y afines, resulta mucho más económico comprar en el extranjero que en la tienda de la esquina.

Pero, como decía, y para el beneplácito de todos, no sólo nos dedicamos a comprar. Tuvimos la suerte de presenciar la deslumbrante puesta en escena de “Corteo” a cargo del Cirque du Soleil, de gira por el sur de la Florida hasta mediados de diciembre. Espectáculo altamente recomendable a pesar de su precio, con la impecable puesta en escena a la que la compañía ya nos ha acostumbrado, estremecedora música en vivo y la modernización de los elementos teatrales, redimensionados, estirados hasta sus límites cual uno de esos acróbatas de goma.


Temíamos llevar a Sarah pues la historia lucía un tanto sórdida (el sueño de los funerales de un payaso italiano), y, especialmente después de Las Vegas, sabíamos que muchos de los espectáculos del Sol no eran recomendables para menores (Ver Zumanity, en el New York, New York). Pero resultó una hermosa experiencia, incluso para ella, quien disfrutó cada minuto de la puesta en escena, se maravilló con los malabaristas y acróbatas, se enterneció con la pequeña enana Valentina y se dejó llevar por esa mágica fusión entre lo teatral y lo circense que caracteriza a todos estas representaciones (aunque por su temática, ésta, más que ninguna otra).

También tuvimos la dicha de asistir al “Gran Concierto”, organizado por el Circuito SBS para celebrar su vigésimo quinto aniversario. Compartieron el escenario artistas de la talla de Chayanne, Alejandro Sanz, Luis Fonsi, Marco Antonio Solís, Fanni Lú, Cabas, Carlos Vives y Shakira (quien no cantó, únicamente entregó un premio al presidente del circuito). Debo admitir que SBS botó la casa por la ventana, y aunque Jose se negó rotundamente a asistir, yo disfruté un montón junto a mi querida amiga y su esposo (y unas cuantas decenas de miles de personas más...)

Además de esos dos espectáculos, disfrutamos enormemente de los hermosos paisajes de la playa de la costa sureste de la Florida. Con frío y viento, nos dimos el gusto de caminar descalzas (los chicos no secundaron nuestra moción) por las playas de Fort Lauderdale y de South Beach, donde vimos zarpar el hermoso crucero que, si Dios quiere, embarcaremos muy pronto ambas familias para continuar esta recién iniciada tradición de vacaciones juntos.

Nos dimos banquete en los más exquisitos restaurantes, y, aunque mi estómago sufrió un poco los embates de tanta comida fuera de casa, repetiría todos y cada uno de ellos sin pensarlo dos veces (en especial, el que resultaría más perjudicial para mi resentida digestión, el restaurant “Bongos” en el American Airlines Arena).

Pero realmente el mayor banquete fue de afecto. Aún después de casi cinco años sin vernos, tener a mi amiga en casa representó una dicha indescriptible. Con el regalo de la presencia física, aprovechamos cada segundo para ponernos al día así como para recordar viejos tiempos. Fue especialmente hermoso avistar el afecto instantáneo que mi hija le prodigó a mi amiga, quien de inmediato pasó a ser la “tía Norita”, no sólo de nombre, sino, y sobretodo, de corazón. Compartir, ya no como individuos sino como familias, y ver por tanto estrecharse nuestros lazos y fortalecerse nuestro afecto, ha sido el mejor dividendo que esas cortas vacaciones han dejado.

Acá los esperamos para el año que viene.

Sunday, November 2, 2008

The Sin City o la Ciudad-Sirena

Aún virgen de nuestras miradas e incansables pasos de viajeros, el centro-oeste del país nos llamaba como sirenas a marineros. Entre las numerosas opciones, sucumbimos, para nuestro plan de "fin de semana sólo para dos", ante la voz de Las Vegas, aventajada en los ardides de la seducción y otros femeninos encantos.



Reina pululante del desierto Mojave, se levanta la ciudad brillante, colmada de los atractivos más variados para el vacacionista adulto -según habría de dictar la conciencia-. La ciudad nos prometía entretenimiento policromático. Absolutamente desinteresados ante el tema del juego (en total jugué $2.00 en dos maquinitas, sólo para no decir que había estado en Las Vegas sin haber probado mi suerte), preferimos enfocarnos en la amplia gama de espectáculos que la ciudad pone a disposición del visitante. Así, entramos en la perturbada psique del ilusionista moderno Criss Angel, cuyo sueño de agonía está repleto de seres desarticulados y retorcidos, representados por el siempre asombroso Cirque du Soleil. Encontramos vías energizantes de conexión con este mundo desmembrado en la explosiva puesta en escena del Blue Man Group, y, por supuesto, disfrutamos del abanico variopinto que ofrecen los fastuosos hoteles: las danzarinas fuentes del Bellaggio, la lluvia bajo techo en el Sahara del Miracle Mile; los asombrosamente amigables leones del MGM Grand; el dragón de Komodo del Mandalay Bay; los hermosos bebés de tigres blancos del Mirage; el romántico paseo en góndola por los impolutos canales del Venetian, y, por supuesto, nos deleitamos en los interminables buffets, donde la expresión "all you can eat" se redimensiona en gustos y proporciones.


Fueron cuatro días definitivamente especiales. Acostumbrados a los viajes familiares, de destinos y ambientes kids and pet friendly, tener unos dias de no ser papá y mamá sino una pareja de novios o recién casados, fue casi revelador. La ciudad nos desplegó todos su encantos y la disfrutamos aunque sin rendirnos ante sus múltiples tentaciones.


Pero para la mayoría de visitantes son otros los atractivos que esta ciudad-sirena ofrece: máquinas de juego hasta en los baños, prostitución legalizada, consumo desenfrenado de drogas y alcohol... un verdadero oasis en el desierto de tabúes, limitaciones religiosas y toda la gama de paradojas de la que está plagada esta cultura de moral antagónica. Así, la pérfida "Sin City" se redimensiona como antagónica válvula de escape para mantener el status quo moral y permitir la vuelta a la represión y los supuestos valores con el alivio de la garantía de "What happens in Vegas, stays in Vegas" (¿es que acaso ese Dios regente de la conciencia acomodaticia hace como los monitos y declara la política del NO VEO - NO HABLO - NO OIGO ante su rebaño perdido en "the Strip"?).


Eran pasadas las 4 de la madrugada cuando abrodamos el bus-shuttle que habría de llevarnos de regreso al aeropuerto. Siendo nuestro hotel la primiera parada del recorrido, nos deleitamos con los personajes que iban abordando. Un grupo de jóvenes ebrios nos llamó particularmente la atención, no sólo por lo elevado de sus voces, sino porque, remojada la verguenza en alcohol, nos hablaban con familiaridad inusitada. El conductor, acostumbrado a escenas de este tipo, tal vez para ser amable y prendar la atención de sus pasajeros o quizás para mantener vigilados a los jóvenes beodos y evitar algún accidente que pudiera requerir operativo de limpieza de emergencia en el vehículo, inquirió a todos los presentes: "Did you enjoy your stay in Las Vegas?". A lo que, sin siquiera pensarlo, el joven de tono más elevado (proporción tono de voz - nivel de alcohol en la sangre) respondió: "I don´t know, dude. I´m a small-town guy and this city is overwhelming".

Eso puede ser esta ciudad. Sirena de voz estridente, hechiza a visitantes de espíritu frágil con los sensuales embrujos de lo vetado. Levanta, arrastra, arremete, desconcierta y sobrecoge al temeroso feligrés, para luego devolverlo puntual y de punta en blanco al sermón del domingo, a la segregación, a los prejuicios, al temor al apocalipsis y al fuego infernal.