Monday, July 12, 2010

Lo que hace falta para una pijamada perfecta

Lo que no puede faltar en una buena pijamada (y que no faltó en casa el pasado fin de semana):

- Almohadas
- Chocolate caliente (con 7 marshmallows, por los 7 años de cada participante)
- Cobija mediana
- Pijamas
- Nanita (imprescindible)
- Snacks varios
- Pizza rolls como menú principal
- Pelicula de misterios de Scooby doo
- Libros para colorear
- Juegos
- Globos
- Libros de misterio
- Buenas amigas

El resultado: un rato inolvidable!!!

Monday, July 5, 2010

Septenio

(Este post corresponde al 25 de junio, día del cumpleaños de mi adorada S.)

Llegaste ataviada de encantos y vestida de magia, y, como equipaje, trajiste sólo un baúl de sonrisas hechas a la medida. Tu mirada se nos enganchó en el alma, en forma de reflector de luz y calor. Cuando tus manitas asieron las nuestras, trazaron surcos de destino en nuestra voluntad y cercos de motivación en nuestro pensamiento. Aun felices y expectantes, nunca anticipamos que el futuro a tu lado sería como ha sido. Perfecto.

Han pasado siete años. Siete años de color, ritmo, alegría, baile, luz, descubrimientos, amor, satisfacciones, logros grandes y pequeños. Cada día es una aventura, cada aventura un aprendizaje y cada aprendizaje una inspiración. Has hecho de este viaje una fiesta interminable, a ratos dulce y delicada, a ratos salpicada con matices de comedia. Hemos crecido y aprendido a ser mejores personas. Junto a ti, por ti.

Tus dientes de leche, tus shows de ballet, tus improvisaciones geniales, tu dulzura e inteligencia, tu mezcla de idiomas, tu ritmo al bailar, tus respuestas asombrosas, tu amor por la familia, tu inclinación artística, tu entrega a la amistad, tu adoración por los animales, son los mejores regalos que podemos recibir cada día. Y tus siete años, esos siete años que sientes que te hacen tan grande, nos ensanchan el pecho de orgullo y nos inyectan sobredosis de amor. Qué cortas se quedan a veces las palabras frente a la emoción. Ante la limitación, sólo puedo decir, Te amamos, hija.

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Sobre el cumpleaños: Esos 7 años vienen llegando desde hace ya un par de meses con una serie de transformaciones que nos tienen -por cuotas iguales- maravillados y perplejos. Llegaron con una nueva visita de la "tooth fairy" y el canal de ventilación que supone (ahora superior y frontal, para darle un nuevo toque decorativo a las fotos familiares...). También llegaron con un súbito y radical cambio de preferencias. "No more pink, no more Disney princesses, no more Noggin, no more baby stuff". El rosado fue sustituido por el aguamarina, mi adorado canal de televisión Noggin (ligero, educativo, balanceado), por Boomerang (comiquitas de mi época, sin grandes enseñanzas, pero al menos no plagadas de antivalores), y las princesas Disney por Sccoby Doo (quién lo diría, no?). También trajeron un incremento en la independencia de criterio y una tendencia vehemente a expresar esa independencia (que muchas veces tenemos que esforzarnos en contener en pro del respeto a los mayores). Llegaron con un cuaderno en blanco, regalo de mi hermana, y un millón de historias y de palabras revoloteando en su cabecita como inquietas abejas. Menudos 7 años.

Los celebramos en el cine, de la mano de Woody y Buzz de Toy Story 3 y otros 10 amiguitos del colegio. Le pusimos sabor a pizza de queso y luego a torta marmoleada. Lo continuamos celebrando pasados por agua, en su lugar favorito de la vida, la piscina de la casa de los abuelos. En total fueron 3 días de celebración que a mí me dejaron extenuada y a ella, total y completamente feliz.

Friday, July 2, 2010

Lección de desencanto

Hoy fue uno de esos días en la vida de S. que quedan marcados, aunque en apariencia su cabecita lo olvide. Yo no creo poder olvidarlo. Hoy la vida le dio a mi hija su primera, dura e inevitable, lección de desencanto.

En su campamento de verano entregaron algunos reconocimientos. S. fue nombrada con el máximo galardón de "camper of the week" y el título vino acompañado con la posibilidad de escoger el snack que ella quisiera de la cantina y además, un helado. S. escogió un tubito de M&Ms y lo guardó en el morral para disfrutar de su helado.

Cuando la fui a buscar, me enseñó orgullosa su diploma. Mientras caminábamos, anticipaba el momento de disfrutar su snack. Ya en el carro, vació todo el morral hasta encontrarse con una desagradable sorpresa: su supuesta mejor amiguita del campamento, le había sacado del bolso su tubito sin abrir de M&Ms y lo había intercambiado por uno vacío que había estado comiéndose un rato antes.

Entre asombrada y decepcionada, S. revisaba detenidamente cada una de las cosas de su morral, las sacaba, las guardaba, las volvía a sacar, mientras su carita se oscurecía más y más. "I can´t believe she switched them. I just can´t believe it, mami". Me tocó improvisar una conversación sobre lo que es correcto y lo que no, mientras lo que me provocaba era devolverme a agarrar a la muchachita aquella, guindarla por los pies, hasta que rodara por el piso el consabido tubito.

"Real friends don´t do that, really mami?", fue su pregunta al llegar a la casa. "I guess she is not a real friend", se respondió a sí misma. La vi entrar con la cabecita caída y los ojos tristes, y deseé con todas mis fuerzas que por arte de magia se le borrara ese desencanto. Era la primera vez que se enfrentaba a la malicia y yo no podía hacer nada para protegerla.

Wednesday, June 30, 2010

Celebración y Autodescubrimiento en LVM

Para el grupo fotográfico "La vuelta al mundo" así como para mi familia -aunque por motivos diferentes-, el mes de junio es un mes especial. Mes de cumpleaños y celebración, de alegría y de festejos.

En una entrada posterior les contaré sobre los 7 añitos de mi pequeña S. (que por cierto, como casi todos los años, resultaron en unas fiestas patronales de las que aún no me termino de recuperar).

También en junio, se cumplieron dos años de "La vuelta al mundo". Aunque lo venía seguiendo como espectadora desde el año pasado, apenas empecé a participar en febrero. Estos cinco meses han sido súper divertidos, reveladores, y, sobretodo, terapéuticos. Por "La vuelta al mundo" llegué a "L´Atelier" y también a muchos blogs hermosísimos que desearía tener tiempo de visitar con más frecuencia y que se han convertido en una verdadera red de aprendizaje y soporte.

Esa idea de Jackie que vio la luz por primera vez hace 24 meses ha sin duda sobrepasado los límites de la expectación. Hoy en día, el número de participantes supera los 1000 y cada mes se suman más y más personas. Pero quizás sean las cifras lo menos trascendente de esta maravillosa empresa. Es la cadena de fraternidad , compañerismo y solidaridad lo que abraza a cualquier nuevo participante y le invita a involucrarse cada vez más en el proyecto.

Así que era justo y necesario dedicar parte del mes a celebrar el primer par de lustros de este grupo que para muchos se ha convertido en escuela y para otros casi en un segundo hogar. Nuestro mural se llenó de tortas, ponquecitos, velas y globos, y nos unimos alrededor de todo el planeta para entonar el "Cumpleaños feliz" para nuestro grupo favorito de Flickr. Como siempre, la originalidad, la creatividad y la alta calidad de cada uno de los participantes, se puso al descubierto.

Éste fue mi pequeño regalo para "La vuelta al mundo":


Pasada la semana de la celebración, el tema para el resto del mes resultó para muchos un reto, para otros, deleite y para un montón de "vueltamunderos" (me incluyo en este último grupo), un verdadero dolor de cabeza. Era necesario ponerle rostro a nuestros compañeros de juerga, así que el tema fue "Autorretratos".

Analfabeta en la materia, a mí jamás se me había ocurrido otra cosa que estirar bastante el brazo para lograr una foto donde yo apareciera si no había nadie por ahí a quien pedirle que la tomara. ¿Cómo para qué aprender a usar el disparador automático de mi cámara, que no fuera para aparecer en los retratos familiares? Y ¿con qué intención rescatar del garage el trípode de mi papá que nunca había tenido otro uso que el de recoger polvo? Empezaba mal, como pueden ver.


Logré robarme dos mañanas del mes para dedicarme a mis sesiones de "Selfies". Les confieso que al principio me sentía fea, rara, tonta, y ni hablar de súper rígida ante la cámara. Pero luego me empecé a dar cuenta del maravilloso ejercicio que tenía en mis manos. Tenía una modelo dispuesta a lo que fuera y de ánimo incansable con la que además no sentía la pena del aprendiz. Tenía unas horas para mí sola, para explorar, probar, mover, cambiar de pose, fondos y vestuario. Tenía un ambiente contenido (no, aún no me atrevo a los autorretratos en exteriores) donde yo controlaba casi todos los elementos (a excepción de las nubecillas que de vez en cuando me tapaban la entrada de luz por mi ventana). Y tenía el mágico y maravilloso botoncito de "delete" para luego borrar todo lo que simplemente no me gustara.

¿El resultado? En primer lugar, experiencia. De todos los ejercicios fotográficos que he emprendido en estos  meses interesada en aprender algo de fotografía, creo que fue en las sesiones de "selfies" donde más he aprendido sobre luz y color. En segundo lugar, un maravilloso ejercicio de descubrimiento y de autoaceptación por el que siempre estaré agradecida, siempre con la tendencia a esconderme del otro lado del lente. En tercer lugar, la oportunidad de jugar con mi cámara. Explorar sus funciones, entrar en pánico al moverle cosas que no debía y luego devolverla a como debía haber estado, entrar en confianza con ella. Aprendizaje sensorial para el futuro, puro y simple, como cuando aprendemos a montar bicicleta, eso fue este mes para mí.

Como siempre, si quieren darse banquete con fotográf@s/modelos maravillosos, no se pierdan el blog de Jackie. Ahí, sigan la cadena con la que le damos la vuelta al mundo, conozcan a los artistas y celebren con nosotros!!!

Monday, June 21, 2010

Después de L'Atelier

El viernes terminó L'Atelier de Jackie Rueda, el curso de fotografía en línea que me tenía tan perdida de las paredes de madera de este cajón. Aún lo estoy procesando. Aún no me recupero del todo de la despedida. Fueron cuatro semanas intensas en las que mi cuota de tiempo "para mí" (esos momentos fútiles donde no soy mamá, ni esposa ni empleada, sino sólo YO) me hallaban cámara en mano correteando detrás de algún objetivo, repasando mis apuntes o departiendo con mis compañeros en la virtualidad de nuestro laboratorio de revelado en Flickr.

La llamita estaba ahí. Como ya he dicho antes, la fotografía ha coqueteado conmigo desde hace mucho tiempo (¿les había comentado que mi memoria es fotográfica?... pero no por privilegiada al estilo de la de Lisbeth Salander, no!, digo que es fotográfica pues simplemente yo no puedo recordar acciones o situaciones en movimiento, sólo imágenes fijas, como fotos pegadas en un gran álbum. Es así. Mi memoria es un álbum de fotos viejas). Pues ese coqueteo se convirtió en romance desde el primer día en L'Atelier. Allí, no sólo recibimos de Jackie información y herramientas invaluables, sino que, y sobretodo, fuimos invitados a repensar nuestra manera de mirar el mundo.

Esa invitación ha sido como despertar de un largo sueño de brumas y abrir los ojos al color, la belleza y la luz.  Me he encontrado mirando cosas que antes pasaban desapercibidas, y apreciando mucho más la belleza donde antes ni me daba cuenta que existía. Jackie nos ha hablado con la voz firme y amorosa de una maestra de las de antes, de las que invita sin imponer; nos ha extendido su mano y nos ha abierto los ojos para que no demos tumbos.

Pero además, la experiencia llegó con el valor agregado de haber conocido a decenas de personas de todas partes del mundo y formar con ellas una comunidad virtual sedienta por continuar creciendo, aprendiendo, mejorando, experimentando. En nuestro salón y laboratorio virtuales encontramos camaradería y compañerismo reales.

Y así, después de este paréntesis de hipercatividad del último mes, nos reinsertamos al mundo con los sentidos repotencialdos, dispuestos a (re)conocerlo a través de los lentes de nuestras cámaras, más o menos expertas, más o menos instruidas, da igual. Seguros de que los desvelos editando, escogiendo, o comentando, los madrugonazos para aprovechar la mejor luz o los super bronceados después de un día entero de patear calle por una buena foto, han valido y seguiran valiendo la pena.

Por lo que viene!

Sunday, June 20, 2010

Friday, June 4, 2010

Algunas palabras sobre "La breve y maravillosa vida de Óscar Wao", de Junot Díaz


La breve y maravillosa vida de Óscar Wao marca el debut en el género novelesco del autor dominicano Junot Diaz (1968), sin lugar a dudas una entrada estelar que le hiciera merecedor del premio Pulitzer de ficción (2008)  y que le colocara entre los 35 mejores títulos del 2007 y en el escalafón de honor de la lista de mejores libros de ficción del 2007 según las revistas Time y New York Magazine.

El éxito no es desmerecido. Una y muchas novelas a la vez, La breve y maravillosa vida de Óscar Wao sobrevuela temas tan modernos como la inmigración, el sentido de desarraigo en nuestro movible mundo actual, la importancia de las apariencias físicas en esta sociedad materialista y guiada por lo físico; e igualmente temas tan antiguos como la tiranía, la superstición, los mitos que se tejen en torno a lo latinoamericano (y específicamente, lo dominicano) y la necesidad de amar y ser amado.

La novela narra las desventuras de Óscar de Leon, mejor conocido como Óscar Wao, un joven antihéroe de grotescas proporciones, carácter retraído y tendencias "nerd". Hijo de familia dominicana radicada en un gueto de Nueva Jersey, el joven carga el peso del "fukú" -maldición- que cayera sobre sus ancestros. Obsesionado con hallar el verdadero amor y ser correspondido, y castigado en innumerables ocasiones con la indiferencia, Óscar se entrega a la lectura de cómics y novelas de ciencia ficción, así como a la escritura compulsiva de una novela infinita que, según él, lo convertirá en el Tolkien dominicano. Suya es la tarea de desafiar el círculo de calamidades de 50 años y tres generaciones de desamor, iniciada por el temible dictador dominicano, Rafael Leonidas Trujillo.

A pasar de su cautivador argumento, es realmente el estilo lo que más me ha atrapado de la novela de Díaz. Ligero y ocurrente, el lenguaje coloquial se exacerba hasta lo inimaginable. El spanglish  (¡horror!) llega para quedarse desde la primera página, para de esa forma retratar la realidad linguística de los dominicanos en EE.UU. (no apta, por tanto, para puristas del idioma...).  Así, el idioma de Díaz no separa, ni confronta, sino que democráticamente abre un nuevo código que refleja esa lucha por hallar el sentido de pertenencia sin olvidar las raíces, propio del inmigrante.

De estructura narrativa cruzada y múltiples saltos temporales, la novela resulta además un verdadero catálogo de la cultura popular en cuanto a referencias a títulos afamados del cómic, la ciencia ficción, la televisión y el cine modernos. Así, la ficción anglosajona se entremezcla con la fantasía de las Antillas (el realismo mágico nos ha quedado pequeño), se difuminan los parámetros de la historia y la crónica para contar, en y a través de Óscar, la historia insólita, inaudita y maravillosa de todos latinoamericanos inmigrantes posmodernos.



Nota sobre la traducción: La novela fue escrita originalmente en inglés. La traducción al español estuvo a cargo de la escritora cubana Achy Obejas, quien emprendió la labor titánica de traducir (y a veces hasta explicar en notas al pie de página) este mezclote de idiomas, referencias a la cultura pop, situaciones históricas e inflexiones y ritmo propios del lenguaje hablado, sin que perdiera su sentido original. Un trabajo impecable y digno de admiración.

Sunday, May 30, 2010

Historias de animales



Ya les había adelantado que el tema de este mes en el grupo fotográfico "La vuelta al mundo" sería ANIMALES (animales de verdad, no metafóricos, que no estamos para malos ratos, ah?). Por supuesto que el mural ha quedado de un variado que ni se imaginan, si casi parece un libro de zoología!

Aunque yo hubiera desado hacer uso de otros modelos aparte de las mascotillas de la casa, entre que este mes S. y yo nos enfermamos mucho, que las traducciones han estado numerosas y que mi escasito tiempo libre ha estado dedicado desde hace unos días a L´Atelier, el curso de fotografía que organiza Jackie, no tuve chance de salir a la caza fotográfica por más "víctimas" (y de paso, no me pueden negar que mis modelos están re-guapos, o no???).

En mi familia somos y hemos sido siempre "dog lovers". Me atrevería a decir que de mis "ya-no-tan-poquitos" años de vida, sólo durante los 3 que pasamos mi mamá y yo en Italia, no hubo can en la escena (en cambio, en ese período tuve mi único gatico, Minú). Del resto puedo enumerar al menos una docena de narices frías a mi lado.

Mi Chino es igual que yo. Desde antes de conocernos en Caracas, lo acompañaba Poirot, el animal más asombrosamente inteligente que yo haya visto jamás, capaz de resolver situaciones complejas como aun algunos humanos no podrían. Poirot acompañó a mi Chino (y a mí, por añadidura) por más de 19 años y llegó a ser todo un veterano de las calles, la curiosidad, el poder mental y, en sus últimos años, las travesuras.

Poco después de casarnos llegó Pelusa, la cosita más linda, tierna y adorable que se puedan imaginar (aunque no particularmente aventajada en inteligencia). Con Pelusa emprendí la partida de Venezuela hacia los EE.UU. hace ya 9 años. Con Poirot se quedó varado mi Chino en Panamá durante 7 días de zozobra después de aquel fatídico 11 de septiembre. La primera palabra que dijo S. en su vida no fue "mamá" ni "papá" ni "teté". Fue "acayacaya", nombre con el que bautizó a Pelusa, nunca supimos muy bien por qué.

Hace un poco más de 2 años llegó Buster. No estábamos buscando un tercer perro, pero éste nos enamoró. Tenía apenas 6 semanas. Era el único varoncito y las hermanitas lo tenían completamente sometido. Caminaba y se pisaba unas orejas larguísimas, se caía y rodaba hacia adelante. Demasiado cómico y adorable! Con él, el Chino puso en práctica todas las horas invertidas frente al televisor viendo el programa "Dog whisperer" de National Geographic, pero le salió un alumno rebelde, y una esposa y una hija que se derriten y nunca logran ponerle carácter al trapizondo en cuestión (y el muy aprovechado lo sabe!).

Como pueden ver, Buster y Pelusa son los personajes principales de mi historia de animales de este mes, pero si visitan el blog de Jacquie, se asombrarán de ver el catálogo de especies que hemos logrado, tendrán acceso a la cadena con la que todos los meses le damos la vuelta al mundo, y comprobarán que el resultado ha quedado "animal"!!!

Friday, May 21, 2010

Pausa



Entiendo si no me creen, pero hace poco días, arrestaron a una abuelita que manejaba a contravía a 100 mph en una calle cuyo límite eran 45 mph. Cuando el oficial se acercó al vehículo, temiendo que la doñita estuviera padeciendo una dolencia repentina y a punto de llamar a una ambulancia, le preguntó si todo estaba bien, y a qué se debía tanta prisa. La señora respondió impertérrita y hasta un poco molesta, que iba tan rápido y cortando camino para no llegar tarde a su cita en la peluquería.
A las carreras. La vida moderna parece una competencia inacabable por cumplir una agenda, un programa inclemente. Correr de un trabajo a otro, de una actividad a otra, para cumplir un horario estricto. Cronometrar los días, ser fiel a las listas. Programar recordatorios, comer en el carro, maquillarse en la vía. Enterarse del acontecer mundial en 140 caracteres mientras cambia la luz del semáforo. Socializar vía texto mientras se ejercita en la elíptica o mientras se espera en un consultorio médico.  No perderse la novela, llegar a tiempo a la natación. Correr, correr, correr.
Precisamente esta mañana hablaba de eso con la maestra de S. Al principio de la reunión, tercera y última de este primer grado, Miss H. aplaudió ampliamente la capacidad de comprensión lectora, la inclinación artística y el razonamiento lógico-matemático de mi hija, para engrosar mi orgullo materno. Pero luego,  y por primera vez, hubo “peros”. Habló de “rush”, de ir a las carreras. De anticipación e impaciencia. De apresurarse por concluir rápido cada asignación. De desorden, de no querer revisar, de responder preguntas sin terminar de leerlas. De estar demasiado pendiente a lo que viene “luego”.
Nada de eso es novedad, pero claro, pesa más cuando otro te lo dice. Tampoco creo que sea algo grave. Tampoco me voy a morir si S. no tiene una caligrafía de colegio de monjas venezolanas. Pero sí puedo decir que la conversa con Miss H. fue un llamado. El toquecito de un timbre remoto que me llevó a días en que mi vida era una vorágine que me arrastraba. Cuando parecía necesario vivir tachando ítems de una lista interminable, para pasar jadeante de uno a otro, impaciente, ansiosa, perpetuamente cansada. No es así como quiero que crezca mi S.
Para mayor refuerzo, y con la entrevista aún fresca y dándome vueltas en la mente, me topé con este mensaje de Kate Vogt: “Wherever you are, eternal truth is there to speak you through the poetic pauses. And with each pause, you recover a little more understanding of your true Self”. La pausa. Ese espacio ínfimo entre dos puntos. El infinito entre dos renglones que puede darle sentido a un texto completo. El silencio.
Quiero practicar la pausa con S. Entrenar la paciencia (tal vez la abuelita de la cita en la peluquería había olvidado o nunca conocido lo que eran). Quiero que disfrute de la tranquilidad del hacer NADA, en paz con el silencio.  No quiero que viva en una competencia, ni que necesite de millones de voces para acallar vacíos. Eso quizás se traduzca en la letra que desea Miss H., y en trabajos más ordenados, y en preguntas leídas en su totalidad. O quizás no, y estará bien. Igual, me daré por satisfecha.

Thursday, May 6, 2010

Escogidas


Para la madre que yo escogí y la hija que me escogió
 
El día de su llegada conocemos una nueva dimensión del amor. Amor nacido del amor, de raíces atávicas que anclan y proyectan al mismo tiempo.

Nos volvemos partícipes de una comunión ancestral con todas las madres del pasado y del futuro, la que habita en la casa vecina y la que camina descalza por tierras remotas.

Descubrimos que cuando nuestras propias madres decían “lo sabrás cuando tengas hijos”, no se equivocaban: somos antes y después, somos en ellos y por ellos. Nacemos con ellos, como madres, a una vida nueva.

Aprendemos a escucharnos y a escucharlos dentro de nosotros. Podemos leerlos como a libros abiertos; laten en nuestro pecho aun cuando están lejos; nos enseñan el lenguaje del silencio, del instinto y de la supervivencia.

Conquistamos nuestro paso. A veces caminamos más despacio, otras corremos para no quedarnos atrás. Nuestras huellas florecen, tienen forma y sentido: reinventándonos cada día nos hacemos mejores. Haciéndonos mejores cambiamos la cara del mundo en que vivimos.

Nuestros regalos son sonrisas del corazón, un par de manitas entrelazadas a nuestro cuello, una caricia en la frente, un “te amo” sin razón. Nuestros días son todos los días. El de la práctica deportiva, el del show de ballet, el de la batalla ganada a la fiebre, el de la graduación de bachillerato, el de la primera palabra o los primeros pasos.

Felicidades a todas las madres. A la mía, que es bendición, inspiración y ejemplo. A mi abuela, la madre por excelencia de una clan irrepetible. A mis amigas de siempre y las de ahora, las cibernéticas y las de carne y hueso. Las fotógrafas, las lectoras empedernidas, las bloggeras, las “soccer/hockey/beisbol moms”, las fiesteras, las todo-terreno, las de la romana vieja, las multitasking, las habilidosas, las recién estrenadas, las encopetadas, las ejecutivas, las conservacionistas, las histriónicas, las deportistas, las intensas, las polifacéticas. Las futuribles. Las que que son todo eso y mucho más. Felices hijos, pues ésa es nuestra mayor felicidad.

(Foto: CBCNews-Canada)

Sunday, May 2, 2010

“Te daré la tierra” de Chufo Llorens: Una novela histórica que no se queda en la promesa



Chufo Llorens (Barcelona, España, 1931) llega al oficio literario ya mayorcito, impulsado por una de sus más arraigadas pasiones: la historia. Es licenciado en Derecho y durante años se dedicó a la industria del entretenimiento. En conversación con Manel Haro Cano afirma haberse topado finalmente con la plenitud profesional entre anécdotas remotas y páginas olvidadas: "soy el colmo de la felicidad, hago lo que me gusta, me pagan y no tengo jefes. Este giro de oficio parece haber resultado afortunado. Su más reciente novela vendió más de 150.000 ejemplares únicamente en la celebración del día de Sant Jordi en España.
Considerada ya un bestseller en lengua española, Te daré la tierra (Grijalbo, 2008) es su cuarta y más ambiciosa novela, ambientada en la Barcelona medieval del siglo XI, para  entonces conocida como Septimania. Las aventuras y desventuras del joven campesino Martí Barbany por lograr el casi imposible estatus de ciudadano, se entrecruzan con los amoríos, ambiciones e intrigas dentro de la casa condal de Ramón Berenger I; así, superponiendo micro y macro historia, los hilos de la ficción logran dar color al tapiz de una historia aún oscura para muchos.

El compromiso con la macro Historia

Llorens hizo su tarea. Fruto de cuatro incansables años de investigación, la novela se compromete y "responde a la realidad en sus trazos gruesos", mientras que en los trazos más finos se permite las licencias. Es ese compromiso con lo grueso de la historia, lo que según este autor catalán diferencia a la buena de la mala novela histórica: "yo puedo decir que Hernán Cortés tuvo amores con una cuarterona cubana (...). No existió, pero pudo ser. Lo que no puedo decir es que Hernán Cortés descubrió Australia".
En este nuevo boom de la novela histórica, de caballeros de órdenes secretas, de códices escondidos, de reencontrar el brillo en antiguas costumbres, el lector agradece que no le subestimen en virtud de una máquina de mercadeo, que la ficción respete la realidad histórica donde se inserta y que el autor no quebrante el telón de fondo en aras de la comodidad o la popularidad.

La lucha por ser “alguien”

Primero paralelas, más adelante entrecruzadas, diferentes tramas y subtramas van componiendo el relato. Martí Barbany de Montgrí, personaje central de la novela, (alter ego en papel de Ricard Guillem, cuyo vida singular llamara la atención del historiador J. E. Ruiz Domenec quien a su vez supo transmitir su interés a Llorens) es un campesino con buena estrella, visión certera para los negocios, sentido de la lealtad y abierto al consejo franco, que apenas llegado a la pujante ciudad de Barcelona, se enamora perdidamente de una joven perteneciente a una familia poderosa y, desde ese momento, hace lo posible para merecerla.
Laia, la musa de Martí, es a su vez la hijastra de Bernat Montcusí, consejero económico del conde Ramón Berenger I, y némesis perfecto del joven campesino. Martí y Bernat deben pactar por el bien de sus propios intereses. La única manera de hacerse merecedor de su amada, es convirtiéndose en ciudadano de Barcelona, hazaña harto difícil para alguien de su origen. Para ello, Martí cuenta con los acertados consejos de sus dos grandes y muy diferentes amigos: el sacerdote Eudald Llobet y el cambista judío Baruj Benvenist.
El comercio con petróleo abrirá a Martí las puertas de la mismísima casa condal, y con ello, la tan ansiada ciudadanía, y representará para Bernat jugosos beneficios económicos. Pero la buena estrella de Martí no brillará por siempre, pues quien aparenta ser su mayor aliado será sin duda su más temible enemigo.
Los trapos sucios de la casa condal

Entre tanto, en la casa condal se tejen marañas de intrigas. Ermenesenda de Carcasona y Almodis de la Marca, la abuela y la amante del conde Ramón Berenguer I, se han jurado la guerra y enfrentan sus ambiciones en una lucha desgarrada de poderes. El conde ha repudiado a su esposa (escogida a dedo por la abuela Ermenesenda) para unirse a una mujer casada, lo cual puede generar un verdadero caos moral en Barcelona (además de echar al suelo una cantidad de suculentos acuerdos económicos entre condados). Y en las afueras de la ciudad, la comunidad judía se mueve entre la marginación religiosa y los intereses monetarios, en una época donde religión y poder pisan terrenos movedizos solo estipulados por la conveniencia.

"La historia es un lugar donde colocar mis personajes". Llorens ha pedido prestado el telón de fondo, un telón de fondo histórico pero que sin lugar a dudas parecería nacido de la más autentica ficción, y ha sabido como embellecerlo, reconstruirlo y redecorarlo con una ficción verosímil, fiel y comprometida. Con la certeza de su título, Te daré la tierra es una novela que entrega. ¡Enhorabuena por el camino hallado de Chufo Llorens!

Friday, April 30, 2010

Abril es... FELICIDAD!!!


El tema del mes de abril en el grupo fotográfico "La vuelta el mundo" fue la FELICIDAD... Con más de 800 participantes, y entendiendo que la felicidad es tan individual como los ojos de quien la mire, podrán imaginarse lo multicolor que ha quedado ese mural... A mí, particularmente, me sirvió como ejercicio íntimo -casi espiritual- para dar las gracias por los tesoros y las bendiciones cotidianas, por todos esos motivos y esos instantes que llenan mi vida de felicidad.

Si bien mucho se ha dicho que la felicidad es un estado momentáneo y fugaz, es maravilloso que la fotografía pueda estar allí para hacer de esos momentos efímeros, indelebles imágenes de dicha suspendida en el tiempo y el espacio.

Mi participación este mes fue mayor (el tema así lo suponía, ¿no?)... Hubiera querido hacer un catálogo de las cosas que me hacen feliz, pero el tiempo y las obligaciones no estuvieron a mi favor. Sin embargo, detrás de cada una de estas seis imágenes que ven aquí, hay risas, dicha y una historia feliz.

Le debo a muchos momentos y personas una imagen indeleble en esta entrada, aunque ciertamente muchos motivos de felicidad son inasibles, y por tanto, imposibles de fotografiar. A los primeros, por ahora los llevo conmigo, hasta que pueda captarlos con mi cámara. Los que ya han pasado, quedan impresos en el álbum del afecto. Los inasibles, los disfrutaré cuando lleguen y los atesoraré siempre.

Como siempre, los invito a darse banquete con las fotos del resto de los participantes del grupo... Son todas excelentes! Para ello, vayan al blog de Jackie y disfruten de esta maravillosa cadena de felicidad global!


PD: En mayo haremos fotografías de animales... Mis modelos están preparados!!!! ;o)





Tuesday, April 27, 2010

Occam´s razor

Nos acabamos de enfrentar una vez más con las torpezas del sistema médico de este país. Les pido disculpas por adelantado por utilizar este blog como desahogo, pero les prometo una historia con final feliz. 

Debo reconocer que tanto el Chino como yo tenemos nuestras reservas con los médicos de por estos lares. Yo, para más ñapa, vengo de una familia de médicos, de los médicos venezolanos de antes, los de cabecera, los que saben de todo y no escatiman en recetas naturales si el caso lo amerita. Médicos entregados a su profesión por amor que no han entrado en el vil engranaje de las grandes empresas farmacéuticas y para quienes el paciente es mucho más que un número de más de seis dígitos en un archivo de pared.

Como sabrán, los doctores que se ven en las películas y en las series de televisión no son los que te encuentras por acá cuando tienes un ataque de migraña, un accidente de tránsito sin mayor complicación, una gripe o un dolor de oídos. Al menos yo nunca me he encontrado ninguno de esos doctores maravillosos, entregados, preocupados por el paciente, a lo Meredith Grey, Bill Cosby o el bellísimo Dr. Carter. Nunca, en nueve años. Y si bien resulta altamente paradójico, en el país de la ciencia y la tecnología, en la nación puntera en avances y especialización, la medicina general, simple, llanamente y en sus propios términos, "sucks"...

S. se enfermó la samana pasada. Fiebre, vómitos, mucho dolor de estómago, inapetencia, malestar general. El sábado decidimos llevarla a un "Walk-in clinic" (algo muy común por acá, son unos pequeños ambulatorios con médicos generales de guardia para cubrir pequeñas emergencias cuando los especialistas no abren sus consultorios, y sin los inconvenientes de las salas de emergencia de los hospitales) pues, como es bien sabido, la única manera de conseguir una medicina en este país (no las aguitas con azúcar que venden over-the-counter) es con una receta médica.

La atendió una doctora súper joven que en principio y sin ningún examen diagnosticó apendicitis, pero luego cambió de opinión y dijo que lo que tenía era una infección de tracto urinario (ahhh?). No le hizo un chequeo general. Sólo una prueba de orina preliminar de la que notaron presencia de glóbulos blancos. El cultivo tardaría dos días en arrojar resultados más certeros. No era la primera vez que S. recibía ese diagnóstico en los útimos dos años. La doctora me comentó que eran muchas infecciones de ese tipo en un período tan corto de tiempo. Me dijo que era necesario que visitáramos un urólogo infantil pues podía haber algún tipo de malformación en el aparato urinario y que eso podría traer repercusiones mayores en los riñones en un futuro no muy lejano.

El Chino y yo salimos de ahí emocionalmente por el piso, y S. , adolorida por una inyección de antibiótico en su colita. Pasé todo el fin de semana en estado de angustia, investigando por internet y tratando de ubicar urólogos infantiles en mi área. El lunes a primera hora llamé al seguro. Allí empezaron a aparecer los angelitos. Me atendió una paisana simpatiquísima, que me indicó que primero tenía que llevar a S. a su pediatra para que él emitiera un referido para el urólogo. No teníamos pediatra, pues hasta ahora habíamos dado tumbos sin suerte. Me dio un teléfono y me dijo que podía cambiarme después si éste tampoco me convencía.

Ese mismo día nos atendieron en la oficina del Dr.K., un señor judío muy serio que no habla con vocecitas pero que va directo al grano. Nos encantó. Mientras yo no paraba de hablar, contándole los síntomas, mis temores, el diagnóstico del sábado, todas las infecciones previas (haciendo el papel de madre desesperada, pues...), el Dr. K hizo un examen general a S., revisándola escrupulosamente. Al llegar al consabido "abre la boca, saca la lengua, di Ahhh", su expresión cambió. "Esta niña lo que tiene es la garganta inflamada, una amigdalitis, quizás".

Ciertamente S. se había quejado un par de veces de dolor de garganta esos días, pero con las palabras de la otra doctora rondándonos la cabeza, no le hicimos mucho caso. El doctor no quiso darnos ningún diagnóstico, pues prometió primero leer con detenimiento la historia de las supuestas infecciones urinarias previas. Le tomó una muestra para un cultivo de la garganta y prometió tenernos una visión más clara para el día siguiente -hoy-.

A las 9 y media de la mañana estaba hablando con el Dr. K (directamente, no con la enfermera, ni con la secretaria!). Desde el 2008, S. había sido diagnosticada cinco veces con infecciones en el tracto urinario. Sólo una vez el diagnóstico había sido acertado. Los cuatro cultivos restantes habían resultado negativos, pero nosotros nunca habíamos sido informados al respecto. Habíamos completado cuatro semanas de tratamientos de antibióticos que no hacían falta y habíamos pasado unos días de angustia por culpa de profesionales inatentos, ineptos e irresponsables.

Occam´s razor. La solución más simple es con frecuencia la solución correcta. S. tampoco tenía amigdalitis. Algún virus, de esos que tanto abundan en los colegios. El fin de semana de angustias y de tratamiento equivocado al menos valió haber dado con un pediatra de los que para bien se salen del montón. Pero por lo que a nosotros respecta, el clancito de pseudomédicos del Walk-in clinic, no nos vuelve a ver ni la sombra!

Thursday, April 22, 2010

"Instrucciones para salvar el mundo", de Rosa Montero – Un viaje existencial de la oscuridad al amanecer


En vísperas de Sant Jordi

Quien, llevado por el título, espere encontrar en Instrucciones para salvar el mundo, una guía paso a paso de compromiso universal con el entorno, habrá de llevarse una gran sorpresa. La más reciente novela de la escritora española Rosa Montero, es una fábula moderna de mediocres y desarraigados antihéroes, de infelicidad y sinsentido vital, de solitarias almas incomprendidas. El sarcástico título no es más que la antesala al tono tragicómico que se percibe en la novela entera.

“Ésta es la historia de una larga noche. Tan larga que se prolongó durante varios meses”. La voz narrativa (coloquial, cuestionadora y más omnisciente que el mismo Dios) anticipa una historia noctámbula. Cuatro personajes convergen en la oscuridad de una ciudad: Matías, el taxista viudo, desgarrado de dolor por su reciente pérdida; Daniel, el médico de vocación perdida, entregado a la vida virtual ante la agria vacuidad de su propia existencia; Fatma, la hermosa prostituta que huye de la brutalidad a la que fue víctima en su infancia; y Cerebro, la renombrada catedrática caída en la ignominia por sus preferencias sexuales.

Cada uno de esos personajes vive su propia catástrofe personal de dolor, soledad, incomprensión y aislamiento. Cada uno de ellos ha vivido en carne propia las tragedias modernas de la discriminación, la incomunicación, la falta de voluntad, la violencia, la pérdida abrupta, el fracaso. Tragedias que los han marginado, no sólo a la periferia de la ciudad, sino de la vida, privados de la luz por sus propias miserias. Matías, Daniel, Cerebro y Fatma, cada cual con su circunstancia y aun sin conocerse, tiene en común el tormento de la oscuridad, pues “sienten que la desnudez del duermevela es un peligro”.

Como el principio de serialidad enunciado por el biólogo austríaco Paul Kammerer (1880-1926) que tanto gravita en las páginas de la novela (“hay una ley física general que hace que el universo tienda a la unidad (…) una fuerza de atracción comparable a la de la gravedad, pero que en vez de atraer masas, atrae hechos”), estas cuatro historias se entrecruzan para enfrentar su intrínseca noche existencial.

Dios, una fuerza de atracción, o un narrador caprichoso que sienta en la misma mesa a personajes tan disímiles, los ata con cinta adhesiva y les retuerce las oscuras existencias. Y es que “tal vez Dios, si existe, no sea más que un narrador loco con debilidad por las estructuras circulares, y de ahí que la existencia consista en salir de la oscuridad para regresar de modo indefectible a las tinieblas tras chisporrotear un poco por la vida”. De esa manera, deshaciendo estructuras para enfrentar las sombras, tal vez lograrán, si bien no salvar el mundo, salvarse a sí mismos, y así ser capaces de  contemplar el amanecer.

Monday, April 12, 2010

El yoga y yo


 A Yare, por abrir la puerta

Siempre pensé que el yoga no era para mí. Crecí con la idea de que mi cuerpo era tieso, de que mis pies estaban muy lejos de los dedos de mis manos, mis rodillas siempre un poco flexionadas. Cualquier ejercicio de estiramiento me resultaba una verdadera pesadilla, agónico suplicio al que desde los tiempos de la educación física escolar, había decidido no volverme a someter. Si bien no soy la más deportista, al hacer ejercicios me inclino por actividades o deportes activos, y si involucran música, baile y variedad, pues mucho mejor. Movimiento, saltos, el corazoncito a millón y chorros de sudor... cualquier cosa que no fuese eso, no era ejercicio.

Para ese entonces, ignorante de mí, pensaba que el yoga era una práctica lenta y aburrida que nunca compaginaría con mi "estilo". Para ese mismo entonces lo consideraba como una opción para tonificar el cuerpo, bajar de peso y aumentar la flexibilidad…  ¡Qué equivocada estaba! Equivocada en primer lugar al pensar al yoga como una práctica unidimensional, puramente física. Y en segundo lugar al pensar que por mi tiesura física estaba vetado para mí.


Mi percepción sobre esta práctica milenaria cambió radicalmente el día que decidí entrevistar para un pequeño reportaje a mi querida amiga Yare, profesora de “Sampoorna Yoga” (el texto sigue a estas líneas). Esa breve conversación en el lobby del centro donde imparte sus clases y una ojeada al libro de su maestro, Sri Yogi Hari, me indicaron lo enciclopédicamente equivocada que hasta entonces había estado. Obviamente, decidí probar.


Desde la primera clase, quedé prendada. Yare guió una clase gentil y se tomó el tiempo de irme explicando cada detalle de lo que íbamos haciendo (cosa que, como total neófita en la materia, aprecié sobremanera). Descubrí lo pobre que era mi respiración y lo difícil que se me hacía desconectarme del mundo exterior aunque fuera durante sólo 90 minutos. También descubrí que mi autoproclamada “tiesura” empezaba en mi cabeza y en todas las limitaciones que me imponía con una serie de “no puedos”. 


Si bien mi cuerpo no me sorprendió con una flexibilidad inusitada, no me sentí frustrada, para nada. Todo lo contrario. Salí de esa primera clase animada, consciente de mi cuerpo, congraciada conmigo misma, y sobretodo muy, muy deseosa de volver.

Han pasado ya algunos meses desde esa primera clase y la conversación que la originara. Mi horario sólo me permite -con suerte- una clase a la semana, 90 minutos que atesoro y protejo como un regalo, un precioso obsequio de mí para mí. Me he descubierto fortalezas que van permitiendo control en muchos ámbitos de mi vida. Mi respiración ha mejorado considerablemente, ha adquirido un ritmo más saludable, y sí, he tenido la oportunidad de comprobar el poder de inhalar y exhalar adecuadamente en momentos de tensión e incluso de malestar físico. Cancelé las palabras “no puedo” para disfrutar de cada avance, por pequeño que sea. Y si un día no hay avance qué celebrar, sé que igualmente siguen existiendo millares de razones por las que agradecer. 



Como quiera que se presente mi semana, sé que en ese pequeño salón de luz tenue y paredes desnudas tengo un espacio sólo para mí. Un espacio donde no soy madre, ni esposa, ni hija, ni hermana, ni amiga, ni jefa, ni subordinada, ni venezolana, ni inmigrante. Un espacio donde no hay facturas qué pagar, ni trabajos qué entregar, ni tareas qué terminar, ni expectativas qué cumplir. Un espacio donde construyo un puente entre potencialidad y realidad, donde mi cuerpo, mi mente y mi espíritu se sientan a tomar un té en armonía y paz.

Om Shantih

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“Sampoorna Yoga”: Búsqueda plena hacia adentro

El ser humano moderno parece estar embarcado en una frenética, violenta y extenuante búsqueda. Una búsqueda insaciable por poseer riquezas, fama, "looks", conocimientos o poder que nunca parece saciarse. Hay personas (no muchas, lamentablemente), que han decido -para bien- abandonar esa carrera y emprender un periplo interno. Si usted es una de ellas, el “Sampoorna Yoga” puede ser para usted.

El Yoga de la Plenitud

El término "Sampoorna" traduce “completo”. Así, Sri Yogi Hari, reconocido y respetado maestro yogui cuyo Ashram se encuentra ubicado en la ciudad de Miramar, al sur de la Florida, resume su acercamiento a esta práctica ancestral como el "Yoga de la plenitud", pues integra, de acuerdo a las necesidades específicas de cada practicante, los diferentes tipos o caminos de yoga (Hatha, Raja, Karma, Bhakti, Jnana y Nada), para lograr la purificación y el balance entre mente, alma y cuerpo (Sampoorna Yoga, El Yoga de la plenitud. Nada Productions, 2007).

"En Occidente mucha gente está mal informada, creyendo que el Yoga es sólo hacer posturas, desarrollar fuerza y flexibilidad, adquirir más poder y hacerse más atractivo. Esta dirección los lleva en la dirección opuesta del verdadero propósito del Yoga; lleva hacia un engrandecimiento del ego y una mayor identificación con el cuerpo" (p.xx). Dicho esto, queda claro que el “Sampoorna Yoga” es mucho más que una práctica física. Es una filosofía de vida que asume que salud, paz y felicidad se encuentran dentro del ser humano como derecho desde el momento mismo del nacimiento. Y es allí donde hay que buscarlos.

Para alcanzar y mantener una vida saludable, Sri Yogi Hari recomienda asumir un estilo de vida integral, donde mente, cuerpo y alma trabajen en conjunto. Las costumbres ineludibles para ello son:
-Ejercicio apropiado
-Respiración adecuada
-Relajación adecuada
-Dieta apropiada
-Pensamiento positivo

En el salón de clases

Yaremi Aparicio es instructora de “Sampoorna Yoga” en Pembroke Pines, Florida y discípula de Sri Yogi Hari. Las paredes del salón donde recibe a sus alumnos están desnudas de espejos para evitar que el practicante se observe a sí mismo y a sus compañeros y caiga en inevitables y superfluas comparaciones. Recomienda, incluso, mantener durante la clase los ojos cerrados para que "la atención se mantenga hacia adentro".

Las clases son abiertas, sin clasificaciones por habilidad o experiencia, y en una misma sesión pueden compartir un niño de 5 y un anciano de 85 años sin mayores contratiempos. No hay exclusiones por limitaciones físicas, y la única condición o requisito indispensable es llegar a la clase "con el corazón y la mente abiertos".

Aparicio afirma que, a diferencia de la práctica occidental del yoga, enfocada en el cuerpo, en la tonificación muscular y en la búsqueda por la flexibilidad, este tipo de yoga resulta mucho más gentil, introspectivo y espiritual. Los 90 minutos que comprenden cada sesión incluyen ejercicios de respiración, calentamiento, estiramiento, posiciones de yoga y relajación. En ocasiones, algunos momentos de la clase pueden incluso estar acompañados por música y cantos con el fin de facilitar la relajación.

Durante la clase, el instructor refuerza mensajes positivos y promueve una autoconciencia o un autodescubrimiento del propio cuerpo. Desvía la atención de las supuestas limitaciones y estimula un ritmo específico para que cada asistente conecte consigo mismo y con el todo. No se utilizan instrumentos para forzar las posiciones, sino se hace énfasis en “escuchar los mensajes del cuerpo”. Todas estas herramientas ofrecen a quien acude a la clase, amplios beneficios que se trasladan a una vida integral, saludable y mucho más feliz.

Las tensiones espirituales y psicológicas a las que el individuo moderno se encuentra expuesto, se traducen en un cuerpo tenso. Mente, alma y cuerpo parecen hallarse cada vez más disociados y por tanto, vulnerables. Con la orientación profesional adecuada, un compromiso sincero y una buena voluntad, es posible, siguiendo las prácticas integrales de “Sampoorna Yoga”, distender esos nudos, ahondar en las posibilidades infinitas del ser y retomar la flexibilidad -no sólo la física- con la que llegamos al mundo.