Monday, April 12, 2010

El yoga y yo


 A Yare, por abrir la puerta

Siempre pensé que el yoga no era para mí. Crecí con la idea de que mi cuerpo era tieso, de que mis pies estaban muy lejos de los dedos de mis manos, mis rodillas siempre un poco flexionadas. Cualquier ejercicio de estiramiento me resultaba una verdadera pesadilla, agónico suplicio al que desde los tiempos de la educación física escolar, había decidido no volverme a someter. Si bien no soy la más deportista, al hacer ejercicios me inclino por actividades o deportes activos, y si involucran música, baile y variedad, pues mucho mejor. Movimiento, saltos, el corazoncito a millón y chorros de sudor... cualquier cosa que no fuese eso, no era ejercicio.

Para ese entonces, ignorante de mí, pensaba que el yoga era una práctica lenta y aburrida que nunca compaginaría con mi "estilo". Para ese mismo entonces lo consideraba como una opción para tonificar el cuerpo, bajar de peso y aumentar la flexibilidad…  ¡Qué equivocada estaba! Equivocada en primer lugar al pensar al yoga como una práctica unidimensional, puramente física. Y en segundo lugar al pensar que por mi tiesura física estaba vetado para mí.


Mi percepción sobre esta práctica milenaria cambió radicalmente el día que decidí entrevistar para un pequeño reportaje a mi querida amiga Yare, profesora de “Sampoorna Yoga” (el texto sigue a estas líneas). Esa breve conversación en el lobby del centro donde imparte sus clases y una ojeada al libro de su maestro, Sri Yogi Hari, me indicaron lo enciclopédicamente equivocada que hasta entonces había estado. Obviamente, decidí probar.


Desde la primera clase, quedé prendada. Yare guió una clase gentil y se tomó el tiempo de irme explicando cada detalle de lo que íbamos haciendo (cosa que, como total neófita en la materia, aprecié sobremanera). Descubrí lo pobre que era mi respiración y lo difícil que se me hacía desconectarme del mundo exterior aunque fuera durante sólo 90 minutos. También descubrí que mi autoproclamada “tiesura” empezaba en mi cabeza y en todas las limitaciones que me imponía con una serie de “no puedos”. 


Si bien mi cuerpo no me sorprendió con una flexibilidad inusitada, no me sentí frustrada, para nada. Todo lo contrario. Salí de esa primera clase animada, consciente de mi cuerpo, congraciada conmigo misma, y sobretodo muy, muy deseosa de volver.

Han pasado ya algunos meses desde esa primera clase y la conversación que la originara. Mi horario sólo me permite -con suerte- una clase a la semana, 90 minutos que atesoro y protejo como un regalo, un precioso obsequio de mí para mí. Me he descubierto fortalezas que van permitiendo control en muchos ámbitos de mi vida. Mi respiración ha mejorado considerablemente, ha adquirido un ritmo más saludable, y sí, he tenido la oportunidad de comprobar el poder de inhalar y exhalar adecuadamente en momentos de tensión e incluso de malestar físico. Cancelé las palabras “no puedo” para disfrutar de cada avance, por pequeño que sea. Y si un día no hay avance qué celebrar, sé que igualmente siguen existiendo millares de razones por las que agradecer. 



Como quiera que se presente mi semana, sé que en ese pequeño salón de luz tenue y paredes desnudas tengo un espacio sólo para mí. Un espacio donde no soy madre, ni esposa, ni hija, ni hermana, ni amiga, ni jefa, ni subordinada, ni venezolana, ni inmigrante. Un espacio donde no hay facturas qué pagar, ni trabajos qué entregar, ni tareas qué terminar, ni expectativas qué cumplir. Un espacio donde construyo un puente entre potencialidad y realidad, donde mi cuerpo, mi mente y mi espíritu se sientan a tomar un té en armonía y paz.

Om Shantih

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“Sampoorna Yoga”: Búsqueda plena hacia adentro

El ser humano moderno parece estar embarcado en una frenética, violenta y extenuante búsqueda. Una búsqueda insaciable por poseer riquezas, fama, "looks", conocimientos o poder que nunca parece saciarse. Hay personas (no muchas, lamentablemente), que han decido -para bien- abandonar esa carrera y emprender un periplo interno. Si usted es una de ellas, el “Sampoorna Yoga” puede ser para usted.

El Yoga de la Plenitud

El término "Sampoorna" traduce “completo”. Así, Sri Yogi Hari, reconocido y respetado maestro yogui cuyo Ashram se encuentra ubicado en la ciudad de Miramar, al sur de la Florida, resume su acercamiento a esta práctica ancestral como el "Yoga de la plenitud", pues integra, de acuerdo a las necesidades específicas de cada practicante, los diferentes tipos o caminos de yoga (Hatha, Raja, Karma, Bhakti, Jnana y Nada), para lograr la purificación y el balance entre mente, alma y cuerpo (Sampoorna Yoga, El Yoga de la plenitud. Nada Productions, 2007).

"En Occidente mucha gente está mal informada, creyendo que el Yoga es sólo hacer posturas, desarrollar fuerza y flexibilidad, adquirir más poder y hacerse más atractivo. Esta dirección los lleva en la dirección opuesta del verdadero propósito del Yoga; lleva hacia un engrandecimiento del ego y una mayor identificación con el cuerpo" (p.xx). Dicho esto, queda claro que el “Sampoorna Yoga” es mucho más que una práctica física. Es una filosofía de vida que asume que salud, paz y felicidad se encuentran dentro del ser humano como derecho desde el momento mismo del nacimiento. Y es allí donde hay que buscarlos.

Para alcanzar y mantener una vida saludable, Sri Yogi Hari recomienda asumir un estilo de vida integral, donde mente, cuerpo y alma trabajen en conjunto. Las costumbres ineludibles para ello son:
-Ejercicio apropiado
-Respiración adecuada
-Relajación adecuada
-Dieta apropiada
-Pensamiento positivo

En el salón de clases

Yaremi Aparicio es instructora de “Sampoorna Yoga” en Pembroke Pines, Florida y discípula de Sri Yogi Hari. Las paredes del salón donde recibe a sus alumnos están desnudas de espejos para evitar que el practicante se observe a sí mismo y a sus compañeros y caiga en inevitables y superfluas comparaciones. Recomienda, incluso, mantener durante la clase los ojos cerrados para que "la atención se mantenga hacia adentro".

Las clases son abiertas, sin clasificaciones por habilidad o experiencia, y en una misma sesión pueden compartir un niño de 5 y un anciano de 85 años sin mayores contratiempos. No hay exclusiones por limitaciones físicas, y la única condición o requisito indispensable es llegar a la clase "con el corazón y la mente abiertos".

Aparicio afirma que, a diferencia de la práctica occidental del yoga, enfocada en el cuerpo, en la tonificación muscular y en la búsqueda por la flexibilidad, este tipo de yoga resulta mucho más gentil, introspectivo y espiritual. Los 90 minutos que comprenden cada sesión incluyen ejercicios de respiración, calentamiento, estiramiento, posiciones de yoga y relajación. En ocasiones, algunos momentos de la clase pueden incluso estar acompañados por música y cantos con el fin de facilitar la relajación.

Durante la clase, el instructor refuerza mensajes positivos y promueve una autoconciencia o un autodescubrimiento del propio cuerpo. Desvía la atención de las supuestas limitaciones y estimula un ritmo específico para que cada asistente conecte consigo mismo y con el todo. No se utilizan instrumentos para forzar las posiciones, sino se hace énfasis en “escuchar los mensajes del cuerpo”. Todas estas herramientas ofrecen a quien acude a la clase, amplios beneficios que se trasladan a una vida integral, saludable y mucho más feliz.

Las tensiones espirituales y psicológicas a las que el individuo moderno se encuentra expuesto, se traducen en un cuerpo tenso. Mente, alma y cuerpo parecen hallarse cada vez más disociados y por tanto, vulnerables. Con la orientación profesional adecuada, un compromiso sincero y una buena voluntad, es posible, siguiendo las prácticas integrales de “Sampoorna Yoga”, distender esos nudos, ahondar en las posibilidades infinitas del ser y retomar la flexibilidad -no sólo la física- con la que llegamos al mundo.
 

11 comments:

Yare said...

OM Vane :)

Ser un canal por el que tu misma puedas experimentar tu propia divinidad, es la intención del yoga. Que puedas ver toda la belleza que hay en ti y el sin fin de posibilidades que se presentan si te tomas un momento para inhalar y exhalar conscientemente. Se devela ante ti tu verdadero Ser.

Gracias por darme la oportunidad de ser tu profe de yoga, pero por sobre todas las cosas, gracias por abrir tu corazón a esta práctica. Recuerda que el instructor es solo un guía, pero tu eres la Maestra de tu vida.

Que tu práctica siga tan próspera y alegre y que en el camino encuentres siempre SHANTI.

NAMASTE

Lena said...

A mí el yoga me encanta...recuerdo que la las primeras clases me pasó lo que a ti...la flexibilidad no era la que yo esperaba (la mía, quiero decir) pero la sensación de bienestar y de contacto conmigo misma fue sorprendete...me maravilló!
Lo deé porque siempre voy corriendo pero ahora quiero volver.
De una manera extraña, aunque quiero (y necesito) volver siempre me encuentro con ese no puedo que nombras....tras leerte he encotrado una respuesta y una solución...¿por qué no me planteo ir sólo una vez a la semana? ¿Por qué tiene que ser todo o nada? Voy a hacerlo como tú. Seguro que puedo.
Una de las cosas que más me gusta de los blogs es que encuentro respuestas para mis problemas, para mis disyuntivas.
Hoy encontré una aquí gracias a ti!

Un beso, Vane!

Lena said...

(Otro a Yare)

mc said...

Vane, yo empece a hacer "yoga for runners" la semana pasada! Confieso que al principio de la clase, cuando la profesora puso su musiquita new age y nos insto a escuchar nuestra respiracion pense "ayyy papa, esto como que no es para mi". Y juro por dios que en la vida real nunca digo "ayyy papa". Pero luego quede enganchada. Me encantaron los ejercicios, y no me importo para nada "escuchar mi respiracion" al final de la clase, senti que hace mucho tiempo que no estaba presente en un momento como estuve entonces.
Namaste.

Vane G. said...

Yare: Gracias mil! Love ya.
Lena: siii, un dia a la semana es mejor que ninguno!
MC: me has hecho reir con ese "ay papa!", que comica! Que es "yoga for runners"? (Digo, no se si se refiere a corredores o a gente que anda corriendo, o a alguna otra cosa q desconozco)
Besitos a las tres!

Nancy said...
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Nancy said...

Mañana mismo voy a la clase de Yoga de mi Gym!!!.
Dios,el Universo o como quieran llamarlo sabe cuanto necesito desconectar un rato.
Gracias Mi Vane, gracias Yare.

AleP (Alejandra Click) said...

Aun no he leído la entrevista, ni los comentarios aquí, pero te digo que el cambio en mi respiración con el yoga fue asombroso. El la disnea que algunas veces experimentaba desapareció de mi cuerpo, mi estabilidad mental, mi concentración y mi paz interior aumentaron notoriamente. Yo descurbí una disciplina hecha a mí medida. Me encanta! Y ya veo que has encontrado lo que yo encontré: un espacio sólo para mí.
Un saludo!

mc said...

Vane, "yoga for runners" es solo el nombre de la clase, es dedicada a corredores (yo corro un poco). Se concentran en el "core" y demas zonas criticas para corredores. No se que tipo de yoga estaremos haciendo.

mc said...

Vane, te puse en mi blogroll, porque eso de pasar por el blog de la Telerina para llegar hasta aqui... no puede ser! No digo que no me guste visitar a la Telerina (ella sabe que la adoro) pero era como atravesar el jardin del vecino para llegar a la casa del vecino de mas alla.

Vane G. said...

Nancy: Fuiste?

AleP: Si, realmente es maravilloso haber encontrado ese espacio... mejor tarde que nunca!

MC: Encantada de estar en tu blogroll. Por cierto que desde que la telerina cambio el formato de su blog, yo me volvi un ocho y para llegarle tengo que hacer un curso de paracaidismo...(yo te tengo en mi blogroll desde hace timpo, que maleducada soy que no te dije nada, sorry!).