Monday, August 30, 2010

Lluvia de sol en agosto

1. Sunlight coming through, 2. Florida's Sunset, 3. Lonely trip back home, 4. Farewell

Sin importar el hemisferio donde nos encontráramos, este mes Jackie nos encomendó a los "vueltamunderos" una misión muy especial: ir a por el sol. Siendo nuestro principal aliado, era justo darle el reconocimiento que se merece. Y así salimos, cámara al cuello, guardándonos en los bolsillos los antiguos prejuicios en contra de las fotos con luz de frente, a hacer del astro mayor el sujeto de nuestras imágenes y el protagonista de este mes.

Ha sido un mes maravilloso para fotografiar al sol. Nuestras vacaciones en la costa oeste de la Florida me regalaron la oportunidad de unos atardeceres espectaculares de los que he traído estas pequeñas muestras. Pero, como siempre, si quieren disfrutar del SOL en todo su esplendor, por favor, no dejen de darse un paseo por el blog de Jackie, donde este mes podrán disfrutar de una verdadera cadena de luz.

...Todavía es un misterio qué nos deparará septiembre... Por aquí estaré en un mes para contarles...

Thursday, August 26, 2010

Ahora

Maníacos del tiempo. Contamos años, meses, horas, minutos y segundos como monedas de una alcancía incorpórea. Contamos hacia adelante o hacia atrás, según nos convenga, para bien o para mal, para reír o para llorar. Contamos cumpleaños, cumplemeses, cumplesemanas y cualquier tipo de aniversarios. Enumeramos sin discriminar los natalicios y las defunciones, los años de graduados, la permanencia en un trabajo, la duración de una relación. Marcamos nuestros calendarios con cuentas regresivas para ese viaje ansiado o aquella visita tan esperada, y después de acontecidos, los añoramos por días, semanas, meses, años o décadas.
Así parece transcurrir nuestra vida. En una eterna cuenta regresiva, o en un perpetuo acumular porciones de ese pastel infinito que es el tiempo. Efímero como un aleteo de mariposa, el presente escurridizo se nos resbala de las manos, dejándonos sólo con el sabor de lo pasado y la expectación de lo por venir.
Se nos vienen los balances de cuenta temporales para recordarnos lo recordable o que no olvidemos lo inminente, pero sobretodo, para que apreciemos lo que somos hoy, a la cuenta de cero, tabula rasa con el calendario que tanto pesa sobre nuestras espaldas.
Se me va este agosto con ganas de contar. De contar los años en este país que nos recibió sin pompa ni protocolo, donde hemos construido un hogar, donde hemos sembrado afectos y donde ha nacido nuestra hija. De contar velitas en el pastel de cumpleaños de este cajón, hogar virtual de mis reflexiones, álbum de impresiones recortadas y catálogo de afectos sin rostro, pero afectos al fin. De contar como los niños los meses, los años transcurridos de ésas y otras muchas circunstancias que me han llevado a estar hoy aquí, posando estos dedos ansiosos por enumerar, sobre el teclado de mi computadora.
Pero no, hoy no voy a contar. ¿De qué sirve contar el tiempo transcurrido más que para ponerle dígitos abstractos a una realidad? Estas palabras responden a una circunstancia, una circunstancia cargada de pasado y con visos infinitos de potencialidad. Pero eso no importa. Hoy sólo importa el sonido rítmico del tecleo y el lento deambular de letras en la pantalla.

Sunday, August 22, 2010

Síndrome del mes de agosto



Pese a mi resolución de ser más consecuente con él, hace más de dos semanas que no actualizo este cajón y eso se lo debo indefectiblemente al síndrome del mes de agosto. Siempre me ha parecido que agosto es un mes extraño, una especie de limbo en el calendario, que está puesto allí especialmente para desordenar las rutinas, quebrantarlas un rato y así poder retomarlas con más ánimos en septiembre.
Recuerdo cuando, hace un montonón de tiempo, mi mamá y yo llegamos a Italia. Yo contaba con escasos 7 añitos (la edad actual de mi S.); lo único que sabía de ese país es que quedaba muy lejos y que era la cuna de la pizza y de la pasta, y de su idioma, apenas algunas sonoras palabritas sueltas. Mi mamá había aprendido frases típicas de turista y ya. Nuestros únicos conocidos eran los padres de una amiga de mi mamá, que vivían en un pueblito remoto, a quienes visitaríamos para que nos indicaran (en un español accidentado y salpicado de gestos), cuestiones básicas de ésta, la que a partir de ahora y mientras duraran los estudios de postgrado de mi mamá, sería nuestra nueva casa.
Era otra época, obvio. El mundo no se había encogido aún, las cosas no se hallaban a la vuelta de un clic o de pulsar el botón de “enter”. No existían los celulares, ni el email, ni google, ni wikipedia, ni mapquest, ni skype, ni traductores electrónicos, y las llamadas internacionales eran un lujo que no nos podíamos dar. Llevábamos una carta y un par de maletas llenas de temores y expectativas. Así llegamos a Vignola en pleno verano, sin pensar que nos encontraríamos con un pueblo fantasma.
Esa fue mi primera experiencia (y sin duda, la más gráfica) con este mes lunático y desbordado. Corría el mes de agosto, y nuestro primer aprendizaje forzado en esa estadía de 3 años fue que durante sus treinta y un días, el país se paraliza. Así, sin medias tintas. Los comercios de todos los niveles, las agencias, las oficinas,  los establecimientos más o menos necesarios, guindan en sus puertas los letreritos de "Chiuso per Ferie" y desde el dueño hasta el empleado más humilde agarran sus macundales y se van "al mare", dándole vida a otras ciudades que en cambio parecen sumergirse en un soporífico letargo los 11 meses restantes del año.
A nuestra llegada, Vignola era el pueblo desolado por el azote de los bandoleros en las películas de vaqueros de antaño. Era como si alguien hubiese apretado algún botón de pausa al que sólo mi mamá y yo éramos inmunes, caminando por aquellas calles íngrimas y desconocidas. Con suerte conseguimos un pequeño hotel en la cercanía donde alojarnos y esperar dos semanas a que el resto del pueblo saliera de su estado de suspensión para comenzar nuestra vida en tierras italianas, en septiembre, claro (admiro la entereza de ánimo de mi mamá que supo mantener la calma y no transmitirle ni reforzarle, a la niñita que yo era, el sentimiento de desolación y de no-bienvenida que perfectamente hubiera podido aflorar en esas condiciones).
Luego, durante mi vida de estudiante, experimenté las bondades del mes agosto, el mes -entero- que teníamos de vacaciones (las clases terminaban a mediados de julio y empezaban en septiembre). Entonces agosto era la cima de una montaña a la que se tardaba todo un año en llegar. Agosto era EL mes. El mes del descanso, de las vacaciones, de los proyectos puestos en suspenso durante el año, de la diversión. De la liberación de la responsabilidad y la rutina. De acostarse y despertarse tarde, de no usar uniforme, de comer cuando provocara, de las idas al club, las escapadas a la playa. De los viajes, si había suerte, aunque no hacía falta irse muy lejos para encontrarse que inventar.
En mi vida universitaria fue exactamente igual. Estudié en una universidad considerada popularmente como un "colegio grande", donde el año iba de octubre a julio; septiembre era para las inscripciones, reparaciones o diferidos, y agosto era el mes de descanso académico. En mi caso, agosto era el mes de volver a la casa de mis padres a que me consintieran por los 11 meses de haber estado lejos, el mes de las rumbas con los amigos de la infancia y de los viajes tan esperados y planificados el resto del año.
Similar a la tradición veraniega europea, durante mis primeros años de graduada en mi país trabajé como profesora y por tanto también tuve la suerte de poder disfrutar de las bondades del año escolar de 10 meses que deja a agosto como la porción más apetecible del pastel anual. Para ese entonces, éste era para mí el mes de no planificar, no corregir, no lidiar con padres cuestionadores y no estar en contacto con la tiza, que tanto daño le hacía a mis cuerdas vocales.
Todo ese panorama cambió radicalmente cuando nos mudamos a USA. País del trabajo incansable donde -sin exageración- el ritmo de producción se detiene –o disminuye- únicamente 3 días al año, agosto pasó a ser un mes más, perdió su encanto.
Hasta que llegó S. Con ella en el colegio, hemos vuelto a caer en este síndrome sabrosito del mes de agosto, con su natural desgano, su falta de estructura y su implícito “laissez faire”.
Si bien el trabajo no para, el Chino y yo acordamos tomarnos unos días -poquitos, eso sí...- para ir los 3 a algún destino más o menos lejano (según las circunstancias y el presupuesto permitan) y compartir en familia y fuera de casa unos días de descanso hacia mediados de agosto, fecha en la que normalmente S. ya ha terminado el campamento de verano. Este año elegimos Marco Island, una isla hermosísima situada en el suroeste de la Florida, un verdadero paraíso para las mentes y los cuerpos necesitados de una pausa.
De cálidas aguas color esmeralda, arena blanca poblada de millares de caracolitos en erosión y atardeceres como para quitar el aliento, la elección no pudo ser más acertada. Para mayor felicidad, logramos encontrarnos allí con mis primos J. y A., cada uno de ellos con sus respectivas familias. Delicioso reencuentro de afectos desperdigados en la distancia, una verdadera carcajada para el espíritu.
Acostumbrados al ritmo de 4 trabajos (2 el Chino, 2 yo), colegio, tareas, ballet, horarios, compromisos, correderas, y quién sabe cuántos “etcétera”, dedicamos esos 6 días al "dolce far niente". Largas caminatas por la playa, excursiones en busca de los caracoles más hermosos o extraños, salto de olas, parasailing (¡!) o simplemente sentarnos a disfrutar del espectáculo sin igual de aquellos atardeceres, fueron las actividades que llenaron esos días inolvidables (aquí algunas fotos).
Después de ese relax total, vino la corredera del regreso a clases. A sólo horas de segundo grado, son muchos los pendientes, la adrenalina está a millón y hay que empezar a desterrar los hábitos veraniegos (a diferencia de sus padres, mi hija no es un "morning person", pero eso es harina de otro costal). Por eso decidí hoy sacudirme este síndrome del mes de agosto unos días antes de que culmine el mes y salir del letargo postvacacional. Pero lo hago agradecida. Agosto era necesario, ha sido reponedor, pero es hora de reemprender la rutina que, ¿por qué no?, también tiene su encanto.

Friday, August 6, 2010

Redescubriendo "Los hijos infinitos"

Hace muchos, muchos años, leí este poema por primera vez. Mi mamá atesoraba con celo una antología poética hermosa, gigantesca, infinita, de esos tesoros que nunca dejan de sorprenderte, por donde quiera que los mires. De Andrés Eloy Blanco, laureado poeta y político venezolano, me gustaba por aquel entonces el "Pleito de amar y querer", por esa diatriba intensa que como buena adolescente, pensaba había sido escrita sólo para mí. Por "Los hijos infinitos", en cambio,  pasaba rápido. No me decia mucho, o quizás no me decía nada.
Años más tarde, aprecié el poema en su aspecto estilistico y lo valoré un poco más. Me agradaban la fonética, los recursos literarios, las imágenes y la ternura de sus palabras, creyendo equivocada que desmenuzándolo entenderia la fascinación que esos versos han generado en tantos lectores del mundo entero.
Hoy, muchos años después y como pequeño homenaje personal a su autor en el día de su natalicio, he vuelto a leerlo y me ha arrancado lágrimas. Ciertamente todo cambia "Cuando se tiene un hijo"... Aquí se los dejo.



LOS HIJOS INFINITOS
Andrés Eloy Blanco

Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra, porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.

Monday, August 2, 2010

Nanita is home


Tímida y humilde, Nanita llegó sin hacer mucho ruido cuando S. rondaba los 3 años. Regalo de la abuela, su estampa era bastante común y por ello no pudimos prever el importante papel que jugaría en la infancia de nuestra hija y por ende, en nuestras propias vidas.
Tal vez por su tamaño o quizás por su  expresión triste y tierna a la vez, rápidamente pasó a formar parte de nuestro grupo familiar. S. la adoptó y simplemente no podía salir a ninguna parte sin ella. Nanita nos ha acompañado a fiestas, restaurantes, viajes, paseos. Durante todo el primer año de preescolar, Nanita fue diariamente al colegio, y si bien tenía prohibido salir del morral, su sola presencia confortaba a S. (quien más de una vez se hacía que había olvidado algo en el bolso para chequear que estuviera ahí y ofrecerle alguna palabra tierna). Nanita es perrita, alumna, hija, princesa o mendiga, pelotica o misil. El peluche más versátil de su género. En la imaginación de S., tiene una voz chillona y un carácter empecinado y ocurrente.
A Nanita hemos tenido que rescatarla unas cuantas veces. Se ha quedado en tiendas, en restaurantes y en casas a las que hemos ido de visita. Ha tenido que viajar en sobre manila por correo especial para llegar rápido de vuelta a las manos de su dueña. Hemos tenido que burlar guardias de seguridad para acceder a sitios ya cerrados y poder recuperarla.
Nanita ha recibido los embates del tiempo y ha experimentado en su propia piel de felpa todas y cada una de las enfermedades de S. La primera vez que la metí a lavar en la lavadora, S. me pidió que la subiera a la secadora y desde allí vigiló con angustia el ciclo entero de lavado hasta que la vio salir sana y salva. La segunda vez, Nanita perdió en el proceso un pedacito de ojo, razón por la cual anduvo durante varios meses cual pirata con una bandita cubriéndole el ojito lesionado. También por el mismo motivo me ha sido prohibido volverla a lavar (yo lo he hecho, a escondidadas, pero teniendo sumo cuidado de meterla dentro de una media para evitar nuevos daños).
Aparece en innumerables dibujos y fotos familiares, y en cada oración de agradecimiento no deja de haber una mención a su nombre. Su fama se ha popularizado tanto, que R., la mejor amiga de S., compró una idéntica y la bautizó con el mismo nombre. Precisamente por esos días, y como medida de precaución ante tantos conatos de pérdida, mi mamá le compró a S. otra igual, "porsia". Siendo idénticas, no era lo mismo, de hecho en un principio hasta era posible percibir un poco de rechazo por la "impostora". Hoy en día, la Nanita más nueva es quien sale de la casa mientras la viejita permanece siempre en la cama de S. Las llama "the Nanita sisters, the original and the clean one". Pero en realidad son una sola. La original es la que importa, ésa es la portadora de las memorias y la conciliadora de sueños.
Un dia le pregunté a S. por qué, entre tantos peluches y muñecos, éste era tan especial. "Nanita is family and home", fue la respuesta. Ni más ni menos. Y es que tal vez la razón vital de la existencia de Nanita en nuestras vidas era estar ahí el dia del accidente. En medio de lo caótico de la situación, cada cual siendo atendido en cuartos separados, recibirla  y tenerla en sus brazos fue para S. el alivio que ningún médico o droga hubieran podido brindar (por siempre, Gracias, Yare!). Para nosotros mismos ese momento nos presentó una nueva dimensión de Nanita. Entre las frías paredes de aquel hospital, asustada, solita y rodeada de rostros extraños, Nanita era para S. seguridad y confianza, éramos el Chino y yo, por ahí, en algún cuarto contiguo. Nanita era la rutina, el hogar, el afecto, todo aquello que no permuta aun en situaciones de estrés. A partir de ese día empezamos a escuchar su voz sin que S. la hiciera hablar.
Con los el paso del tiempo la ha empezado a necesitar menos. Eso me alegra y me da nostalgia al mismo tiempo. Cada vez más independiente, más segura y más extrovertida, ya no la lleva a todas partes como antes. Pero Nanita está siempre ahí, vigilándola desde el carro, esperándola en el cuarto, cual un Woody de peluche, siempre paciente, siempre tolerante y siempre dispuesta a recordarle que el afecto no permuta ni abandona, y que el hogar está donde lo desee el corazón.

Saturday, July 31, 2010

Julio multicolor. Arcoiris en "La vuelta al mundo"


El mural de este mes de "La vuelta al mundo" se las trae. Y es que no siempre se puede reunir tanto color, tanta energía y tanta belleza en un solo grupo fotográfico.
Este mes des julio, los "vueltamunderos" recibimos la misión de fotografiar aircoiris. Así que se podrán imaginar. Esto ha sido un despliegue maravilloso de rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta, que nos ha hermanado, cual un lacito policromático rodeando este mundito que cada vez parece hacérsenos más pequeño.
El arcoiris es  alegría. Es la esperanza del sol despuntando aún después de la tormenta más aterradora. Es la combinación maravillosa de luz y humedad que nos hace pensar en tesoros escondidos y en mágicos mundos posibles.
Los "vueltamunderos" salieron este mes en caza de arcoiris. Los tesoros hallados más allá de él, podrán encontrarlos, como siempre, en el blog de Jackie. Se darán banquete!

Feliz verano para todos!

Nota: Mi humilde aporte este mes fueron 4 fotos. Publico sólo 3 aquí pues en una de ellas aparecía mi S. y aún no me convenzo en colocar en el blog fotos de cara de mi hija. Discúlpenme esa, por favor.

Sunday, July 25, 2010

Esto no es Miami. Descubriendo una gema silente del sur de la Florida


1. Purple guardians, 2. Japanese statue, 3. Sunlight coming through, 4. Straight and yellow, 5. PINK!, 6. Roof detail, 7. Flowers by the lake, 8. Espejo del cielo, 9. The light tunnel

Para muchos, vivir en el Sur de la Florida es vivir en Miami. Ese lugar idiíico de las compras (y el dinero que suponen) inagotables, de los cuerpos perfectos, atléticos y perfectamente bronceados, del mar cristalino y el sonido de los bongós marcando el ritmo de una fiesta incansable. Meca de la cirujía plástica y el bótox, del spanglish, la rumba y el pastiche multicultural, Miami es uno de los destinos turísticos más apetecidos de los Estados Unidos. Bendición o sino, quienes habitamos en el Sur de la Florida sabemos que hay mucho más allá de los neones y la percusión de la Ciudad del Sol...y cuán agradecidos estamos por ello!!!

En mi familia no perdemos oportunidad para hacer turismo local. Siempre nos alegra descubrir tesoros escondidos en nuestra área. Ayer nos dimos el gusto de encontrar uno prácticamente en el patio de la casa. Postergada por meses, la visita al Morikami Museum and Japanese Gardens en Boca Ratón corroboró aquello de "lo bueno se hace esperar". Tímida gema del condado Palm Beach, a poco más de una hora al norte de  Miami, este singular recodo se erige como santuario natural de tranquilidad y paz, que invita al visitante a perderse entre sus tonalidades de verde y dejarse arrullar por sus conciertos naturales.

Debe su nombre a George Sukeji Morikami, un agricultor japonés que llegó a la Florida en la década de 1920 con un pequeño grupo de compatriotas para formar la colonia Yamato. 50 años más tarde, la colonia no había crecido lo que sus fundadores hubieran deseado. Por eso, a sus 80 años, Morikami decidio donar sus tierras al condado con la condición de que fueran utilizadas para preservar la cultura nipona y recordar a los agricultores japoneses de la Florida.

Y así fue. En 1977 abrieron por vez primera las puertas del Morikami Museum and Japanese Gardens como centro sin igual para la preservación y difusión de las artes y cultura nipona en el Sur de la Florida. Además de un museo con más de 7000 piezas permanentes del milenario arte oriental, el visitante puede deleitarse recorriendo los inmaculados jardines, cada uno de los cuales representa diferentes tendencias en la decoración de exteriores de la cultura japonesa en el último milenio (bonsais, túneles naturales y pisos de grava incluidos). También podrá visitar una casa tradicional japonesa para explorar aspectos más íntimos de la cultura, informarse aún más en una biblioteca únicamente decicada al tema y hasta experimentar la importancia del té en esta cultura en un auténtico "tea house".

El centro cultural promueve un sinnúmero de actividades que descubrimos con gusto, admiración y deseo de presenciar. Desde clases de origami y entrenamiento en las artes bonsai, pasando por la celebración del año nuevo, hasta el hermoso festival Bon, llevado a cabo cada verano para honrar la memoria a los ancestros con lámparas flotantes en el lago.

Si el recorrido y el procesamiento de tanta información lo deja hambriento, el visitante podrá degustar exquisitos platillos de la comida típica japonesa (léase SUSHI, yummmmm!!!) a la vista de una paisaje verdaderamente sobrecogedor, y para completar la idea de un viaje trasátlantico al pais asiático sin necesidad de pasaporte, comprar típicos souvenirs en la tiendita del Museo.

Nuestro presupuesto no dio para tanto. Nos dio para un descanso, sentados en un banquito a la orilla del lago a comer almendras rostizadas y escuchar el concierto de crujidos de los bambúes. Muchas, muchas fotos y el ánimo bien dispuesto a volver muy pronto. Y agradecer una vez mas las bondades de vivir en este estado maravilloso que es mucho, pero mucho más que Miami!

Friday, July 16, 2010

Palabras de una soñadora

A los soñadores, que cada día fantaseamos con un mundo mejor aunque la realidad nos golpee en la cara con su indiferencia, con su crudeza, con su desesperanza... el día de ayer se anotó a nuestro favor.
Hoy el mundo amanece con otra cara. Los argentinos dieron a Latinoamérica una lección de igualdad, tolerancia, respeto y democracia al aprobar el matrimonio homosexual. Bien por ellos! El mundo donde quiero vivir y donde quiero que mi hija viva, carece de estereotipos. Está lejos, lo sé, pero días como ayer dejan entrar un rayito de luz y me permiten confiar un vez más en la humanidad. Quizás un día los prejuicios, la segregación, la intolerancia y el irrespeto hacia el otro, sean cosas del pasado. Ojalá. Soñar no cuesta nada.
También ayer, la empresa BP parece haber encontrado la manera de detener el derrame de petróleo en las aguas del Golfo de México. Parece, lo sé. No se puede cantar victoria aún, mucho más despúes de las devastadoras consecuencias que este fallo ha tenido y seguirá teniendo en los ecosistemas del área. Pero no puedo contener un suspiro de alivio mientras sigo cruzando los dedos.
Ojalá y hubiera más días como el de ayer. Mientras tanto, seguiré soñando.

Monday, July 12, 2010

Lo que hace falta para una pijamada perfecta

Lo que no puede faltar en una buena pijamada (y que no faltó en casa el pasado fin de semana):

- Almohadas
- Chocolate caliente (con 7 marshmallows, por los 7 años de cada participante)
- Cobija mediana
- Pijamas
- Nanita (imprescindible)
- Snacks varios
- Pizza rolls como menú principal
- Pelicula de misterios de Scooby doo
- Libros para colorear
- Juegos
- Globos
- Libros de misterio
- Buenas amigas

El resultado: un rato inolvidable!!!

Monday, July 5, 2010

Septenio

(Este post corresponde al 25 de junio, día del cumpleaños de mi adorada S.)

Llegaste ataviada de encantos y vestida de magia, y, como equipaje, trajiste sólo un baúl de sonrisas hechas a la medida. Tu mirada se nos enganchó en el alma, en forma de reflector de luz y calor. Cuando tus manitas asieron las nuestras, trazaron surcos de destino en nuestra voluntad y cercos de motivación en nuestro pensamiento. Aun felices y expectantes, nunca anticipamos que el futuro a tu lado sería como ha sido. Perfecto.

Han pasado siete años. Siete años de color, ritmo, alegría, baile, luz, descubrimientos, amor, satisfacciones, logros grandes y pequeños. Cada día es una aventura, cada aventura un aprendizaje y cada aprendizaje una inspiración. Has hecho de este viaje una fiesta interminable, a ratos dulce y delicada, a ratos salpicada con matices de comedia. Hemos crecido y aprendido a ser mejores personas. Junto a ti, por ti.

Tus dientes de leche, tus shows de ballet, tus improvisaciones geniales, tu dulzura e inteligencia, tu mezcla de idiomas, tu ritmo al bailar, tus respuestas asombrosas, tu amor por la familia, tu inclinación artística, tu entrega a la amistad, tu adoración por los animales, son los mejores regalos que podemos recibir cada día. Y tus siete años, esos siete años que sientes que te hacen tan grande, nos ensanchan el pecho de orgullo y nos inyectan sobredosis de amor. Qué cortas se quedan a veces las palabras frente a la emoción. Ante la limitación, sólo puedo decir, Te amamos, hija.

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Sobre el cumpleaños: Esos 7 años vienen llegando desde hace ya un par de meses con una serie de transformaciones que nos tienen -por cuotas iguales- maravillados y perplejos. Llegaron con una nueva visita de la "tooth fairy" y el canal de ventilación que supone (ahora superior y frontal, para darle un nuevo toque decorativo a las fotos familiares...). También llegaron con un súbito y radical cambio de preferencias. "No more pink, no more Disney princesses, no more Noggin, no more baby stuff". El rosado fue sustituido por el aguamarina, mi adorado canal de televisión Noggin (ligero, educativo, balanceado), por Boomerang (comiquitas de mi época, sin grandes enseñanzas, pero al menos no plagadas de antivalores), y las princesas Disney por Sccoby Doo (quién lo diría, no?). También trajeron un incremento en la independencia de criterio y una tendencia vehemente a expresar esa independencia (que muchas veces tenemos que esforzarnos en contener en pro del respeto a los mayores). Llegaron con un cuaderno en blanco, regalo de mi hermana, y un millón de historias y de palabras revoloteando en su cabecita como inquietas abejas. Menudos 7 años.

Los celebramos en el cine, de la mano de Woody y Buzz de Toy Story 3 y otros 10 amiguitos del colegio. Le pusimos sabor a pizza de queso y luego a torta marmoleada. Lo continuamos celebrando pasados por agua, en su lugar favorito de la vida, la piscina de la casa de los abuelos. En total fueron 3 días de celebración que a mí me dejaron extenuada y a ella, total y completamente feliz.

Friday, July 2, 2010

Lección de desencanto

Hoy fue uno de esos días en la vida de S. que quedan marcados, aunque en apariencia su cabecita lo olvide. Yo no creo poder olvidarlo. Hoy la vida le dio a mi hija su primera, dura e inevitable, lección de desencanto.

En su campamento de verano entregaron algunos reconocimientos. S. fue nombrada con el máximo galardón de "camper of the week" y el título vino acompañado con la posibilidad de escoger el snack que ella quisiera de la cantina y además, un helado. S. escogió un tubito de M&Ms y lo guardó en el morral para disfrutar de su helado.

Cuando la fui a buscar, me enseñó orgullosa su diploma. Mientras caminábamos, anticipaba el momento de disfrutar su snack. Ya en el carro, vació todo el morral hasta encontrarse con una desagradable sorpresa: su supuesta mejor amiguita del campamento, le había sacado del bolso su tubito sin abrir de M&Ms y lo había intercambiado por uno vacío que había estado comiéndose un rato antes.

Entre asombrada y decepcionada, S. revisaba detenidamente cada una de las cosas de su morral, las sacaba, las guardaba, las volvía a sacar, mientras su carita se oscurecía más y más. "I can´t believe she switched them. I just can´t believe it, mami". Me tocó improvisar una conversación sobre lo que es correcto y lo que no, mientras lo que me provocaba era devolverme a agarrar a la muchachita aquella, guindarla por los pies, hasta que rodara por el piso el consabido tubito.

"Real friends don´t do that, really mami?", fue su pregunta al llegar a la casa. "I guess she is not a real friend", se respondió a sí misma. La vi entrar con la cabecita caída y los ojos tristes, y deseé con todas mis fuerzas que por arte de magia se le borrara ese desencanto. Era la primera vez que se enfrentaba a la malicia y yo no podía hacer nada para protegerla.

Wednesday, June 30, 2010

Celebración y Autodescubrimiento en LVM

Para el grupo fotográfico "La vuelta al mundo" así como para mi familia -aunque por motivos diferentes-, el mes de junio es un mes especial. Mes de cumpleaños y celebración, de alegría y de festejos.

En una entrada posterior les contaré sobre los 7 añitos de mi pequeña S. (que por cierto, como casi todos los años, resultaron en unas fiestas patronales de las que aún no me termino de recuperar).

También en junio, se cumplieron dos años de "La vuelta al mundo". Aunque lo venía seguiendo como espectadora desde el año pasado, apenas empecé a participar en febrero. Estos cinco meses han sido súper divertidos, reveladores, y, sobretodo, terapéuticos. Por "La vuelta al mundo" llegué a "L´Atelier" y también a muchos blogs hermosísimos que desearía tener tiempo de visitar con más frecuencia y que se han convertido en una verdadera red de aprendizaje y soporte.

Esa idea de Jackie que vio la luz por primera vez hace 24 meses ha sin duda sobrepasado los límites de la expectación. Hoy en día, el número de participantes supera los 1000 y cada mes se suman más y más personas. Pero quizás sean las cifras lo menos trascendente de esta maravillosa empresa. Es la cadena de fraternidad , compañerismo y solidaridad lo que abraza a cualquier nuevo participante y le invita a involucrarse cada vez más en el proyecto.

Así que era justo y necesario dedicar parte del mes a celebrar el primer par de lustros de este grupo que para muchos se ha convertido en escuela y para otros casi en un segundo hogar. Nuestro mural se llenó de tortas, ponquecitos, velas y globos, y nos unimos alrededor de todo el planeta para entonar el "Cumpleaños feliz" para nuestro grupo favorito de Flickr. Como siempre, la originalidad, la creatividad y la alta calidad de cada uno de los participantes, se puso al descubierto.

Éste fue mi pequeño regalo para "La vuelta al mundo":


Pasada la semana de la celebración, el tema para el resto del mes resultó para muchos un reto, para otros, deleite y para un montón de "vueltamunderos" (me incluyo en este último grupo), un verdadero dolor de cabeza. Era necesario ponerle rostro a nuestros compañeros de juerga, así que el tema fue "Autorretratos".

Analfabeta en la materia, a mí jamás se me había ocurrido otra cosa que estirar bastante el brazo para lograr una foto donde yo apareciera si no había nadie por ahí a quien pedirle que la tomara. ¿Cómo para qué aprender a usar el disparador automático de mi cámara, que no fuera para aparecer en los retratos familiares? Y ¿con qué intención rescatar del garage el trípode de mi papá que nunca había tenido otro uso que el de recoger polvo? Empezaba mal, como pueden ver.


Logré robarme dos mañanas del mes para dedicarme a mis sesiones de "Selfies". Les confieso que al principio me sentía fea, rara, tonta, y ni hablar de súper rígida ante la cámara. Pero luego me empecé a dar cuenta del maravilloso ejercicio que tenía en mis manos. Tenía una modelo dispuesta a lo que fuera y de ánimo incansable con la que además no sentía la pena del aprendiz. Tenía unas horas para mí sola, para explorar, probar, mover, cambiar de pose, fondos y vestuario. Tenía un ambiente contenido (no, aún no me atrevo a los autorretratos en exteriores) donde yo controlaba casi todos los elementos (a excepción de las nubecillas que de vez en cuando me tapaban la entrada de luz por mi ventana). Y tenía el mágico y maravilloso botoncito de "delete" para luego borrar todo lo que simplemente no me gustara.

¿El resultado? En primer lugar, experiencia. De todos los ejercicios fotográficos que he emprendido en estos  meses interesada en aprender algo de fotografía, creo que fue en las sesiones de "selfies" donde más he aprendido sobre luz y color. En segundo lugar, un maravilloso ejercicio de descubrimiento y de autoaceptación por el que siempre estaré agradecida, siempre con la tendencia a esconderme del otro lado del lente. En tercer lugar, la oportunidad de jugar con mi cámara. Explorar sus funciones, entrar en pánico al moverle cosas que no debía y luego devolverla a como debía haber estado, entrar en confianza con ella. Aprendizaje sensorial para el futuro, puro y simple, como cuando aprendemos a montar bicicleta, eso fue este mes para mí.

Como siempre, si quieren darse banquete con fotográf@s/modelos maravillosos, no se pierdan el blog de Jackie. Ahí, sigan la cadena con la que le damos la vuelta al mundo, conozcan a los artistas y celebren con nosotros!!!

Monday, June 21, 2010

Después de L'Atelier

El viernes terminó L'Atelier de Jackie Rueda, el curso de fotografía en línea que me tenía tan perdida de las paredes de madera de este cajón. Aún lo estoy procesando. Aún no me recupero del todo de la despedida. Fueron cuatro semanas intensas en las que mi cuota de tiempo "para mí" (esos momentos fútiles donde no soy mamá, ni esposa ni empleada, sino sólo YO) me hallaban cámara en mano correteando detrás de algún objetivo, repasando mis apuntes o departiendo con mis compañeros en la virtualidad de nuestro laboratorio de revelado en Flickr.

La llamita estaba ahí. Como ya he dicho antes, la fotografía ha coqueteado conmigo desde hace mucho tiempo (¿les había comentado que mi memoria es fotográfica?... pero no por privilegiada al estilo de la de Lisbeth Salander, no!, digo que es fotográfica pues simplemente yo no puedo recordar acciones o situaciones en movimiento, sólo imágenes fijas, como fotos pegadas en un gran álbum. Es así. Mi memoria es un álbum de fotos viejas). Pues ese coqueteo se convirtió en romance desde el primer día en L'Atelier. Allí, no sólo recibimos de Jackie información y herramientas invaluables, sino que, y sobretodo, fuimos invitados a repensar nuestra manera de mirar el mundo.

Esa invitación ha sido como despertar de un largo sueño de brumas y abrir los ojos al color, la belleza y la luz.  Me he encontrado mirando cosas que antes pasaban desapercibidas, y apreciando mucho más la belleza donde antes ni me daba cuenta que existía. Jackie nos ha hablado con la voz firme y amorosa de una maestra de las de antes, de las que invita sin imponer; nos ha extendido su mano y nos ha abierto los ojos para que no demos tumbos.

Pero además, la experiencia llegó con el valor agregado de haber conocido a decenas de personas de todas partes del mundo y formar con ellas una comunidad virtual sedienta por continuar creciendo, aprendiendo, mejorando, experimentando. En nuestro salón y laboratorio virtuales encontramos camaradería y compañerismo reales.

Y así, después de este paréntesis de hipercatividad del último mes, nos reinsertamos al mundo con los sentidos repotencialdos, dispuestos a (re)conocerlo a través de los lentes de nuestras cámaras, más o menos expertas, más o menos instruidas, da igual. Seguros de que los desvelos editando, escogiendo, o comentando, los madrugonazos para aprovechar la mejor luz o los super bronceados después de un día entero de patear calle por una buena foto, han valido y seguiran valiendo la pena.

Por lo que viene!

Sunday, June 20, 2010

Friday, June 4, 2010

Algunas palabras sobre "La breve y maravillosa vida de Óscar Wao", de Junot Díaz


La breve y maravillosa vida de Óscar Wao marca el debut en el género novelesco del autor dominicano Junot Diaz (1968), sin lugar a dudas una entrada estelar que le hiciera merecedor del premio Pulitzer de ficción (2008)  y que le colocara entre los 35 mejores títulos del 2007 y en el escalafón de honor de la lista de mejores libros de ficción del 2007 según las revistas Time y New York Magazine.

El éxito no es desmerecido. Una y muchas novelas a la vez, La breve y maravillosa vida de Óscar Wao sobrevuela temas tan modernos como la inmigración, el sentido de desarraigo en nuestro movible mundo actual, la importancia de las apariencias físicas en esta sociedad materialista y guiada por lo físico; e igualmente temas tan antiguos como la tiranía, la superstición, los mitos que se tejen en torno a lo latinoamericano (y específicamente, lo dominicano) y la necesidad de amar y ser amado.

La novela narra las desventuras de Óscar de Leon, mejor conocido como Óscar Wao, un joven antihéroe de grotescas proporciones, carácter retraído y tendencias "nerd". Hijo de familia dominicana radicada en un gueto de Nueva Jersey, el joven carga el peso del "fukú" -maldición- que cayera sobre sus ancestros. Obsesionado con hallar el verdadero amor y ser correspondido, y castigado en innumerables ocasiones con la indiferencia, Óscar se entrega a la lectura de cómics y novelas de ciencia ficción, así como a la escritura compulsiva de una novela infinita que, según él, lo convertirá en el Tolkien dominicano. Suya es la tarea de desafiar el círculo de calamidades de 50 años y tres generaciones de desamor, iniciada por el temible dictador dominicano, Rafael Leonidas Trujillo.

A pasar de su cautivador argumento, es realmente el estilo lo que más me ha atrapado de la novela de Díaz. Ligero y ocurrente, el lenguaje coloquial se exacerba hasta lo inimaginable. El spanglish  (¡horror!) llega para quedarse desde la primera página, para de esa forma retratar la realidad linguística de los dominicanos en EE.UU. (no apta, por tanto, para puristas del idioma...).  Así, el idioma de Díaz no separa, ni confronta, sino que democráticamente abre un nuevo código que refleja esa lucha por hallar el sentido de pertenencia sin olvidar las raíces, propio del inmigrante.

De estructura narrativa cruzada y múltiples saltos temporales, la novela resulta además un verdadero catálogo de la cultura popular en cuanto a referencias a títulos afamados del cómic, la ciencia ficción, la televisión y el cine modernos. Así, la ficción anglosajona se entremezcla con la fantasía de las Antillas (el realismo mágico nos ha quedado pequeño), se difuminan los parámetros de la historia y la crónica para contar, en y a través de Óscar, la historia insólita, inaudita y maravillosa de todos latinoamericanos inmigrantes posmodernos.



Nota sobre la traducción: La novela fue escrita originalmente en inglés. La traducción al español estuvo a cargo de la escritora cubana Achy Obejas, quien emprendió la labor titánica de traducir (y a veces hasta explicar en notas al pie de página) este mezclote de idiomas, referencias a la cultura pop, situaciones históricas e inflexiones y ritmo propios del lenguaje hablado, sin que perdiera su sentido original. Un trabajo impecable y digno de admiración.